Historia General de Filipinas


HISTORIA GENERAL DE FILIPINAS
DESDE EL DBSCUDRIMIENTO DE DICHAS ISLAS
HASTA NUESTROS DÍAS

Por D. José Montero y Vidal
C. de la Real Academia de la Historia.


Tomo III


MADRID
EST. TIP. DE LA VIUDA É HIJOS DE TELLO
IMPRESOR DR CAMARA DE S. M.
C. de San Francisco, 4
1895




I

CAPITULO PRIMERO.


Gobierno de Camba. — Antecedentes de este General.— Batalla de Ayacucho. — Embarca para Filipinas en buques de guerra españoles. —Se sublevan los tripulantes de éstos en las Marianas, izando el pabellón insurgente americano. — Es desembarcado Camba en Guajan con los oficiales de marina y se trasladan á Manila en buques ingleses balleneros. — Nómbrale Ricafort Mayor general del ejército. — Lo confirma Enrile en este cargo. — Trabajos militares. — Es nombrado Director de la Sociedad Económica.— Elegido diputado por Manila, regresa á España. — Es dos veces más reelegido para aquel cargo. —Ejerce interinamente el Ministerio de la Guerra.— Su participación en las Cortes en asuntos militares. — Nómbrasele Gobernador de Filipinas.— Notable recibimiento á su desembarco. — Exaltación de los ánimos por cuestiones políticas. — Reales órdenes de censura contra Salaz ar por sus tolerancias con los frailes carlistas. — Exposición anónima contra éstos y otros partidarios del Pretendiente.— Reuniones de los desterradas carlistas en los conventos. — Sus trabajos de infidencia cerca de las tropas.— Procura Camba conciliar los ánimos. — Se quejan los franciscanos de que lea hablan cantado coplas ofensivas unos soldados, y los castiga. — Resuelve un expediente en contra delos deseos del Arzobispo y se indispone éste con él. — Desavenencias con el Regente y el Fiscal de la Audiencia por la conducta ilegal de éstos en una Junta sobre arreglo de sueldos.— Le hacen insidiosa guerra los Magistrados.— Brindis de un fraile en favor de D. Carlos. V — Acuerdos de la Junta de Aranceles. — Es interceptada una carta del P. Sucias.— Prisión de éste y del Sargento mayor Aznar. — Complicidad de 1os dominicos.— Rebeldía de algunos individuos de esta Corporación, — Connivencia con éstos del Provisor. — Imprudencia de un predicador regular. — Acrecientan su apasionamiento los enemigos de Camba.— Censurable conducta de los carlistas.- Conatos de insubordinación de las tropas. — Causa contra el Subinspector de Artillería. — Ilegal pretensión de este Cuerpo con motivo de los honores fúnebres á la esposa de Camba.— Excelentes condiciones y trabajos de este Gobernador en pro de la administración del país. — Alarman sus enemigos al Gobierno presentándole con aspiraciones traidoras para España. — Ansiedad en Madrid entre las familias de los funcionarios residentes en Filipinas.— Acusaciones injustas contra Camba.— Su opinión respecto de los moro-malayos.— Flora de Filipinas, — Reforma en Correos. — Junta consultiva para Ultramar.— Llegada de periódicos de Europa. — Inserta El Times la noticia del relevo de Camba.— Calumniosa especie que dio lugar á esta medida.— Llega el sucesor de Camba. — Entrégale éste el mando sin protesta ni alteración del orden público. — Sorpresa de la nueva autoridad por la creencia en contrario dominante en Madrid.— Género de guerra que se había hecho á Camba. — Demuestran los hechos la falsedad de tales imputaciones.— Muestras de consideración de la sociedad de Manila, incluso el clero, desde que dejó el mando hasta su embarque para España. —Mando de Lardizábal. — Capítulos provinciales. — Granaderos de marina.— Orden sobre gastos é ingresos en Ultramar. — Empadronamiento y clasificación de chinos. — Nuevo periódico. — Circulares dela Dirección de Rentas de España sobre los tabacos filipinos. — Creación de la provincia de Nueva Vizcaya. — Muerte de Galvey.— Persecución de los cristianos del Tonkín.— Reglas para la introducción y circulación de libros en Filipinas. — Escuela de Comercio. — Bando respecto á tributo. — Renuncia de María Cristina. — Bando sobre extranjeros.— Organización de las oficinas de Hacienda. — Cuentas de propios.— Medidas militares. — Proyecto de un monumento á Magallanes en Mactan. — Renuncia el Gobierno, sale para España y muere en el viaje.


Para sustituir al general Torres fué nombrado el mariscal de campo D. Andrés García Camba, Caballero de Santiago.
Este sujeto era muy conocido de la sociedad de Manila por haber residido en la capital de Filipinas durante diez años (Abril de 1825 á Marzo de 1835). Su designación y su breve y accidentado mando merece, por circunstancias especiales, ser tratado con alguna amplitud.

Sabido es que el general Camba fué vencido y hecho prisionero con todo el ejército Real del Perú en la triste batalla de Ayacucho, que dio por resultado la pérdida para España de la América del Sur (9 de Diciembre de 1824).
El I de Enero de 1825 embarcó en la escuadra española de guerra, compuesta del navío Asia y de los bergantines Aquiles y Constante, con rumbo á Filipinas. «Por escasez, particularmente de agua (refiere el general Camba), fondeamos en la rada de Umatac, en las islas Marianas, y al levar el ancla en la noche del 10 al 11 de Marzo, se perdieron estos buques á causa de la más inesperada rebelión (0. Corrí la suerte de los oficiales de marina, después de haber contribuido efícacisimamente á contener las atroces demasías que algunos de los amotinados se proponían, y con ellos fui desembarcado en la isla de Guajan, y en buques ingleses balleneros llegamos todos el 4 de Abril á Manila, donde hallamos favorable acogida y la mayor hospitalidad en los habitantes de todas clases (2).
El general Ricafort, que á la sazón gobernaba las Islas, conocía á Camba por haberlo tenido á sus órdenes y lo nombró Mayor general del ejército, cuyo nombramiento fué aprobado por Real orden de 22 de Mayode 1826. En 1828 se posesionó Enrile del empleo deSegundo cabo, y por su indicación continuó Camba en el despacho de la Subinspección de las tropas; dirigió personalmente varios años las asambleas doctrinales del ejército, é hizo un plan para mejorar la organización del mismo.


(1) Los sublevados izaron el pabellón de las Repúblicas insurgentes de América á cuyas costas volvieron.
(2) Exposición dirigida á S. M. la augusta Reina Regente Gobernadora del reino, inserta en la obra Lds din y seis mises de mmmdé superior de Filipinas, por el Mariscal de campo D. Andrés Garda Camba: Cádiz, 1839.


La Sociedad Económica de Amigos del País le nombró su Director, y recibidos en 1834 el Estatuto Real y convocatoria á Cortes, fué elegido procurador, según en su lugar hemos dicho, para representar á Filipinas,mereciendo igual distinción en las elecciones que por disolución de las Cortes respectivas hubo en Manila en 1836 y 1837.
Ya hemos consignado en su lugar oportuno cómo desempeñó su puesto de diputado.
El 15 de Agosto de 1836 se hizo cargo interinamente del despacho de la Secretaría de la Guerra, siendo nombrado Gobernador y Capitán general de Filipinas (O, y mientras llegaba la época de su embarque,volvió á interinar el Ministerio de la Guerra durante la ausencia del propietario, general Rodil, que había salido á campaña. Al ser destituido Rodil, renunció su in»tenuidad. Durante ésta tomó parte en las Cortes en varias discusiones sobre asuntos militares y de la guerra civil. El 2 de Octubre fué elegido diputado por Lugo,su país, para las Constituyentes de 1836 á 1837, nollegando á ocupar su asiento, porque las Cortes invalidaron dicha elección en razón á haber sido Secretario del Despacho de la Guerra.


(1) Formó en España, con los amigos que habían militado con él en la América del Sur, el partido llamado de los Ayaeuches^ Alcanzaron el poder en la Península, y Camba, abusando de la confianza de ellos, se nombró Capitán General de Filipinas i.— (iStf/^mi^/ los Bulra do'
Innecesario nos parece rebatir esta última, á nuestro juicio, inexacta aseveración.



El 17 de Abril de 1837 embarcó en Cádiz en la fragata Nueva San Femando, con su señora y una hija de poca edad. En este mismo buque, y por expresa Real orden, iban tres individuos de la Junta carlista de Córdoba, desterrados á Marianas. El 24 de Agosto llegaron á Manila; el 25 efectuóse el desembarco, y el 27 se hizo cargo Camba de su alto empleo.
Toda la población, y en especial el elemento insular,tributó al nuevo Jefe de las Islas el más entusiasta recibimiento (1).
Los elementos avanzados del país se hallaban bajo la impresión desagradable de la derogación del Estatuto Real, que privaba á las Islas de la representación en Cortes.


(1) Este Jefe superior de las Islas Filipinas fué recibido en Manila con extraordinario entusiasmo, y muy particularmente por los españoles del país; mas no tardó, por desgracia, en inspirar desconfianza átodos los amantes de su patria. Tenía la nota fatal de haber sido traidor á la bandera española en la emancipación americana, y uno de losque depusieron al último Virrey de Lima y perdieron para siempre aquellas ricas posesiones del Monarca de Castilla. £1 tiempo que, finalmente, había pasado e n estas Islas, antes de ser promovido á este Gobierno, le había servido en gran manera para adquirirse popularidad en elpaís; popularidad que le valió el ser elegido diputado á Cortes por el distrito de Manila».— (.£Atf/«rf0 de hs Padres donumcos^ tomo V, páginas 596-97.)

Más adelante se verá el por qué del excesivo apasionamiento de los dominicos contra el general Camba.
En el relato de las causas que motivaron la deposición del Virrey de Lima en Enero de 1821, y la derrota de Ayacucho en Diciembre de1824, sucesos independientes uno de otro, ha predominado más la pasión política ó el desconocimiento de los hechos que la veracidad histórica.
Ofrece gran interés para apreciar debidamente lo ocurrido en el ocaso de la dominación española en América, la siguiente obra: Exposi'eUtt que dirige mi Rey D. femando V II el Mariscal de campo D, JerMma Valdis^ sobre leu causas que motivaron la pérdida del Perú, Desdi Vitoria, dí%de Julio de 1827. La publica su hijo el Conde de Tonta, coronel retirado de artillería. — Tomo I: Madrid, 1894.



El tacto y las simpatías de Camba hicieron olvidar este suceso, y los amantes del régimen liberal le apellidaban El Deseado.
Ardía vivamente en España la guerra civil, promovida por los carlistas, y quizá por primera vez en Filipinas las pasiones políticas tenían soliviantados los ánimos. El clero regular, en su totalidad, era partidario del Pretendiente, al que no sólo acompañaban sus simpatías, sino que le auxiliaban, así como á las publicaciones carlistas, con su dinero.
La corte, sabedora de esta actitud de los frailes, y disgustada de la censurable tolerancia del antecesor de Camba, que estimó prudente usar de disimulo, habíaexpedido las Reales órdenes de 22 de Octubre de i836y 24 de Abril de 1837, en que reprendía aquel proceder,diciendo en la primera al general Salazar que de serlas opiniones políticas á que se refería favorables á los supuestos derechos del Príncipe rebelde, f se habría hecho altamente culpable de haberse desentendido de reprender y castigar severamente, conforme á las leyes,un crimen de tanta traición •; y en la segunda, después de reiterar lo mandado, se disponía la mayor vigilancia sobre las personas de semejantes opiniones, c cualquiera que sea su estado y condición ••


(1) En la exposición ae manifestaba la necesidad y uiigenda del envió de un Gobernador y Capitán general de los mis adictos á la Reioa,


Existía también otra Real orden, remitida con fecha 20 de Abril de 1836 por el Ministerio de Gracia y Justicia al Gobernador de Filipinas, insertando una exposición anónima (O dirigida á la Reina Gobernadora por uno que se ñrmaba El crístino por esencia, á ñn de queadoptara Ids medidas oportunas» con vista de su contenido, ó propusiera lo conveniente.
En confirmación de lo que en las citadas disposicion atención á que: 1.° E1 Gobierno interino de las Islas, á la sazón,«si no es de la fracción carlista, que por desgracia es aquí monstruosa,es al menos indolente, tolerante de la fracción y poco afecto al Gobierno liberal». 2.° £1 omnipotente Tribunal de la Real Audiencia se compone de sujetos que sirvieron en las filas realistas persiguiendo de muerte á los liberales, menos el magistrado Lamimbide: urge se releve alcitado Tribunal. 3.° £3cige la política y tranquilidad de las Islas que seprive á los obispos el ordenar in sacris á los indios y mestizos de sangley; debiendo ser españoles peninsulares todos los curas, incluso los frailes allí existentes, pero exclaustrados y secularizados y sujetos al ordinario, crpues que en' comunidad y en corporaciones, teniendo como tienen inmensos tesoros de que disponer, son aquí más perjudiciales quelo fueron en la Península, porque éstos son carlistas declarados y capitales enemigos del Gobierno de S. M. Los inmensos é inagotables tesoros que tienen enclaustrados estas comunidades religiosas, provienen de la multitud de fincas y dilatadas, feraces y ricas haciendas que poseen, pues tanto en esta capital como fuera de ella, lo mejar que se vees suyo. ¡Cuánto podía prometerse la Real Hacienda de rentas fecundantemente ricas eo manos tan desafectas é ingratas como están en eldía!» 4.° Los eclesiásticos naturales y mestizos, por más que reciban estudios y órdenes, siempre son indios, y de aquí no pasan, y sin interrupción desafectos y declarados enemigos del Gobierno Real Supremo, sea de la naturaleza que se fuese, porque no tienen más que su in-dependencia: encargar á estos ministros tan ineptos y desleales la administración espiritual, y aun también se puede decir que la temporalde los pueblos, es el sistema más perjudicial y antipolítico que se ha visto. 5.° t£n el ejército son muchos los carlistas: de aquí es que los crístinos estamos temerosos, y los carlistas blasfeman y truenan contra todo lo que huele á cristino».
»Tomos enteros se necesitaban para enterar medianamente á V. M.de lo que aquí pasa en pro del carlismo, y es tan potente y desmesurado su espíritu, que llegaron los desterrados, el ex-general Pedro Grimarest, el ex-fiscal Ramón Pedrosa, el ex-canónigo Matías Jara y el ex-intendente Manuel Tellería, por infieles y nada adictos al liberal Gobierno de V. M., y en el mismo instante de su llegada se vieron visitados y rodeados de los primeros personajes de esta capital, ofreciéndoles sus personas y bi enes, y tan obsequiosos y tan bien reputados,que no se puede concebir una idea; de modo que los tales han mejorado infinitamente con su venida i Filipinas, haciendo el más brillante papel, cuándo debían ser el escarnio y ludibrio de las gentes.....
•Dígnese V. M. no remitir más carlistas, desterrados ni confinados,porque esto es engrosar el monstruoso partido en favor del Infante rebelde, y llegará á ser de un perjuicio sin término», etc.




nes soberanas se indicaba, encontróse Camba con que residían en Manila varios personajes carlistas que debían hallarse en Marianas, á donde fueran desterrados,y según relata en su exposición á la Reina, f había reuniones carlistas en el convento de San Juan de Dios,donde se hallaba hospedado el confinado Pedrosa, y enel colegio de Santo Tomás; que el Deán y ProvisorD. Pedro Relaes sacaba casi diariamente á pasear en su coche al expresado D. Ramón Pedrosa, ex-Alcaldede casa y corte; que el Canónigo Jara, otro confinado, intentaba introducir el extravío en la disciplina delos sargentos, con algunos de los cuales se decía haberle visto de mucha confianza; que las autoridades estaban de acuerdo para no cumplimentar las órdenes dela corte que previniesen la publicación y jura de la Constitución, habiendo tenido mí interino antecesor queofrecerse á abrir la primera correspondencia que se recibiera en presencia de testigos; que en la concurrida tertulia diaria del Arzobispo se ponderaban el poder ylos triunfos del Pretendiente, que se comunicaba luego por cordillera (extraordinario 6 expreso de pueblo en pueblo), y, finalmente, que se veían en plena libertad,obsequiados y visitados hasta de las autoridades, á losconfinados carlistas; hecho positivo del cual se trata en la causa instruida contra el párroco de Calasiao y el sargento mayor de la pla^a de Manila, de que tiene conocimiento el gobierno de V. M. (O».

No obstante esto, procuró Camba conciliar los ánimos, y habiéndosele quejado los padres franciscanos de que algunos soldados peninsulares cantaban ante elconvento coplas ofensivas, corrigió en el acto el desorden, volviendo los padres á darle las gracias. Al mismo tiempo hizo cambiar de residencia á los deportados carlistas para contrarrestar las reuniones peligrosas que celebraban.
Pero en esto tuvo que resolver un expediente sobre extra limitación de atribuciones del Arzobispo, que se había incautado de los fondos del convento de San Juande Dios, de Cavite, y los había depositado en Santo Domingo, obligándole á depositarlos en Cajas Reales.Esto añadió en el Arzobispo, á los motivos políticos,uno personal de antipatía hacia el General.
Otro nuevo incidente vino á aumentar la tirantez dela situación: se mandó por el Gobierno de España que se redujeran los sueldos, excepto d los militares en activo servicio. Nombró Camba una Junta de autoridades para que le informasen sobre la manera de ejecutar la orden, nombrando Presidente al Segundo cabo, lo que disgustó al Regente de la Audiencia, resolviendo Camba, para evitar rozamientos, que actuara sin presidencia; la Junta incluyó en la rebaja á los militares y excluyó al clero, y propuso que concurriera Camba á las sesiones á tomar parte en los debates y acuerdos; negóse éste y ordenó la disolución de la Junta, lo cual ofendió al Regente de la Audiencia, D. Manuel Pérez


(1) Los diez y seis meses de mando superior en Filipinas,



Seoane, y al Fiscal de S. M., D. Manuel García Gallardo, y el primero comenzó á comunicarse con el Ministerio de Gracia y Justicia, prescindiendo de Camba,que era el Presidente del Tribunal, pidiendo y obteniendo el Fiscal, que vivía con el deán Reales en elPalacio arzobispal, su regreso á España so pretexto de incapacidad física y moral, pero con la idea de trabajar contra el General. La Audiencia, además, nombró sin contar con el Presidente, un teniente de Canciller interino; dio facultad al alcalde mayor de llocos Norte para sumariar al de llocos Sur y resumir su autoridad contra lo que mandan las leyes, también sin contar con el Gobernador superior Camba, y realizó,en una palabra, una serie de actos, ya de independencia, como la consulta al Ministerio de Gracia Justicia sobre el cura de Magalán, convicto de delitos atroces; ya de resistencia á la autoridad superior, como oponerse el Regente á que lá Audiencia evacuara la consulta pedida por Camba sobre inteligencia del art. 53 de la Instrucción de Regentes; ya de tentativa de imposición, como pretender dicho Regente que el Gobernador superior civil lo visitase los días de besamanos.
De esta suerte la Audiencia vino, por la cuestión dela rebaja de sueldos, á hacer causa común con el cleroen su oposición á Camba, y á resultar más pacífico eltildado de progresista que los absolutistas y moderados.
Nuevos sucesos exacerbaron más las pasiones: en un banquete un fraile había brindado por Carlos V y solicitó que secundasen el brindis los concurrentes: uno de ellos se opuso y hubo un escándalo formidable, y Camba ordenó á los Prelados de los regulares que recomendasen á los religiosos mayor respeto al Gobierno constituido.

La Junta de Aranceles, por acuerdo de 9 de Septiembre de 1837, mandado cumplir por decreto del mismo día, dispuso que desde i.^ de Enero de i838 pagasen el 8 por 100 de derechos los efectos extranjeros de Europa que se introdujeran á consumo en bandera española, desde los puertos de Singapore, Batavia y cualquiera otro de su inmediata demarcación, y el 9 por100 los que de igual origen y en la propia bandera se importasen de China. El 14 de Diciembre publicó laJunta otro Arancel por el cual las producciones en bandera de la misma clase pagaban un 14 por 100 del avalúo y 7 en pabellón nacional, y las producciones españolas 8 y 2 respectivamente. El de exportación fijaba elI por 100 de derechos á los efectos conducidos en bandera nacional para la Península, y i Y, por 100 para el extranjero (O».
En el estado de tirante^ en que se hallaba Camba con el clero y el Arzobispo, ocurrió otro suceso que fuéobjeto de variados comentarios y apasionadas criticasentre los vecinos de Manila, especialmente entre los religiosos: la prisión del párroco de Calasiao en Pangasinán, Fr. Manuel Sucias, dominico, con motivo de haber sido interceptada una carta de este padre, dirigidaal sargento mayor de la plaza D. Matías Aznar, en quedemostraba su desafección á la Reina Doña Isabel IIy abogaba por la causa de D. Carlos, encargándoleconferenciara con el P. Nadal, y demostrándose que elObispo de Nueva Segovia, D. Fr. Francisco Albán, era el mediador con el Pretendiente.


(1) Este Arancel fué reformado en 10 de Mayo de 186/ por otro en que*M saprimian todos los derechos de exportación.— fv. Diccionario dt la Administración^ etc.) '



Decretó el Gobernador general la prisión del P. Sucias, y á prenderlo fueron á su convento el alcalde mayor de la provincia, D. Juan Manuel Terán, con el jefemilitar Galvey y el mayor de las milicias Valero, siendo portador de la orden para dicho objeto el oficial decaballería D. Carlos Roca, quien debía conducir á Manila al religioso; pero algo debieron sospechar los dominicos de Manila al ver el arresto y reclusión en lafuerza de Santiago de Aznar y salir á Roca de Manila,lo cual indica su conociipiento del asunto, y en el actodespacharon sin permiso, noticia ni pasaporte de Camba, á un individuo de la Orden, joven y activo, que llegó á Calasiao horas antes de que prendieran al P. Su«cias, pudiendo éste ocultar sus papeles.
Llevado á Manila por Roca, fué recluido el P. Sucias en las Casas Consistoriales, á pesar de las influencias puestas en juego para que se le levantara la prisión; incomunicado y con centinelas de vista: formósele causa, de la que resultó su separación del curato deCalasiao y orden de embarque para España bajo partida de registro. Esto no tuvo lugar, porque cuatro médicos certificaron 'que peligraba su vida si embarcaba,y se le confinó al pueblo de Naic. Después le nombraron Vicario de San Juan del Monte (0.
Aznar fué separado de su destino y remitido á España bajo partida de registro W.


(1) Durante el Gobierno de Lardizábal se le permitió residir en elconvento de su Orden en Manila, y en la época del sucesor de aquél,Sr. Alcalá, fué nombrado párroco de Malasiqui, en Pangasinán.
(2) E1 Gobierno aprobó la separación de Aznar de su destino y sutraslado á la Península, y ordenó que quedase en clase de detenido en Cádiz bajo la vigilancia de las autoridades militares de la plaza, ó de cualquier otro punto que tuviera á bien sefial arle el Capitán General


El mencionado dominico que fué á prevenir de su prisión al P. Sucias, recorrió todos los curatos de Pangasinán, y desaparecieron de los que desempeñaban el párroco de Dagupan, Fr. Vicente Rodríguez, y el de Manaoag, Fr. Ramón Fernández. Preguntó la autoridad por el paradero de los expresados curas al Vicarioforáneo Fr. Vicente Castro, y primero respondió quelo ignoraba, y más tarde que los había autorizado parair á Manila. Ordenó Camba que se le presentaran, y lohicieron así el de Dagupan y el fraile mensajero; peroel de Manaoag se volvió á su curato. Al reiterar al Vicario la orden para que se presentase el párroco al General, pidió el Vicario al Alcalde mayor de Pangasinánla orden de aquél. Negóse el Alcalde á exhibirla, y elGeneral dio conocimiento del hecho al Provisor gobernador del Arzobispado, el que, al mismo tiempo quecontestaba al General que le había desagradado y reprobaba la conducta del Vicario, le decía á éste que había obrado bien, alentándolo así en la rebeldía. Al mismo tiempo indicaba al General la pretensión de que sólo por su conducto obrase cuando de religiosos se tratara. ¡No hay duda que con tal conducta había de obtener la confianza del General en tales circunstancias!.... Aquel mismo Provisor, sin embargo, llamadoD. Pedro Reales, sospecha que puedan llegar libros perniciosos en un buque, y se dirige directamente al Administrador de la Aduana recordándole prevenciones legales.


de Andalucía, pasando al Tribunal especial de Guerra y Marina todoslos antecedentes relativos á la sumaria formada á Aznar y al párroco de CalaMao.

Con todo, como el Vicario, requerido por el Alcalde mayor, le había entregado la comunicación reservadadel Provisor, en castigo le quitaron el Vicariato las autoridades eclesiásticas por su obediencia á la civil en aquel extremo, y nombraron Vicario al P. Pellicer,cuyo mérito principal consistía en haber cantado unamisa de Réquiem el día de la Reina Isabel, en vez de celebrar, según costumbre, aquella fiesta con una misa de gracias y Te Deum. La audacia de los religiosos afectos á D. Carlos llegó hasta el extremo de que por imprudencias de un predicador tuvo el General que hacerle bajar del pulpito en otra fiesta cívico-religiosa,sustituyéndolo en el acto un sacerdote filipino, magistral del Cabildo de la Catedral, D. Manuel García, yaquélla fué la primera vez (8 de Diciembre de 1837)que se oyó el nombre de Isabel II en actos semejantes,pues en tales términos se excusaban de acatar á la Reina, que en la reimpresión de la Bula hizo el clero poner las palabras de «el Rey nuestro Señor» en vez de«la Reina nuestra Señora». Sería interminable la narración de los actos políticos y de rebeldía llevados á cabopor el clero carlista en la época de Camba, y puede asegurarse que no hay opiniones políticas ni clases sociales que hayan disfrutado de tal impunidad, á pesar deconocer Camba que entraba por mucho el molestarle á él con aquellos actos.
De nada le sirvieron sus contemporizaciones con loscarlistas frailes, pues fué acusado en la opinión pública de la Península de traidor á España, y cuatro magistrados elevaron una exposición contra el hermano delAsesor del Gobierno, D. José Ramos, nacido en Filipinas, oriundo de la Península, insinuando que era filibustero, y que Camba, á pesar de eso, había hecho interinamente Auditor de Guerra á su hermano. De tal manera excitó las pasiones aquel escrito imprudente delos magistrados, que Camba tuvo que dar una alocución á las tropas diciendo que tenia confianza en lafidelidad de los filipinos, asi como S. M. la Reina.También en la tropa lograron los carlistas introducirsus pasiones, y los europeos del batallón de Asia dieronmueras al General; pero la actitud de los jefes evitó que tomase más proporciones aquel descontento, manifestado á la vuelta de una gran parada en solemnidad de los días de la Reina.
Con tan malas artes se combatía á la autoridad superior de las Islas, que existiendo una causa contra el Subinspector de artillería D. Jacobo Gil de Avalle, cuando llegó Camba se quiso que no la diera el trámite preciso, so pretexto de una supuesta autonomía del Cuerpo; y cuando falleció la esposa del General, el 12 deNoviembre de 1837, á pesar de ser de ceremonial enIndias que se las tribute los mismos honores en vida yen muerte que á sus esposos, el Cuerpo de artilleríaquiso que pagase el General la pólvora de las salvas (O.
Jamás se vio una oposición más manifiesta de todoslos carlistas y de todas las clases oficiales á una autoridad isabelina, siendo sensible que recayera en un General que reunía, á su fino trato y no escaso tacto, granprobidad é inteligencia, merced á la que, á pesar detantos disgustos, pudo dictar acertadísimas medidas degobierno, mereciendo especial mención unas notablesOrdenanzas de buen gobierno y las mejoras que introdujo en el ramo de comunicaciones.


(1) Por el Ministro de la Guerra, en 21 de Mayo de 1838, se comunicó al Director goieral de artillería una Real orden aprobando elconsumo de pólvora y demás gastos ocasionados al material de artillerfa con motivo de los honores fánebres verificados en Manila á conse*«uencia de la muerte de la sefiora del Capitán general de Filipinas.



También hizo visitar las rancherías de infieles y adelantar su reducción (1).
De tal manera trabajaron los carlistas el ánimo delGobierno y la sociedad de Madrid, que creyeron , sinexamen, las absurdas y calumniosas especies contra éldifundidas; asi es que, rompiendo con todo género deconsideraciones, fué relevado, y su sucesor iba con grantemor de encontrar resistencia y al país en efervescencia, y quedó sorprendido al hallar todo lo contrario (2)»
La gran acusación contra Camba era que daba preferencia á los hijos del país sobre los de la Península, aunpara los mandos de tropa. En el ejército nada había innovado Camba: la acusación se referia á las milicias.Sólo uno de los seis cuerpos que las componían, estaba mandado por un filipino, el de milicias de Batangas,.á cargo de D. Manuel Cacho, y éste había votado contra Camba en sus elecciones para Procuradora Cortes:era, pues, hasta un rasgo de delicadeza en el Generalno quitarle el mando. De los otros cinco cuerpos vaca»ron dos jefaturas, y el General nombró para una a! peninsular D. Manuel Romero y para otra al filipinoD. Matías Sáenz de Vizmanos; pero trasladado éstepoco después á la Secretaría de Gobierno, lo sustituyóCamba en el mando del cuerpo con el peninsular DonJosé Félix Grastelu. Hay más: el mismo Camba habíapropuesto que aquellos cuerpos fuesen mandados porjefes del ejército y no por vecinos de Manila, cosa que


(1) Débense á este distinguido Gobernador y Gipitán general deFilipinas considerables mejoras que durante su ilustrado mando ha recibido el país». — (PP. Buceta y Bravo, Dieciot$ario^ etc., pág. 266.)
(2) Las cartas que llegaban á Filipinas acusaban una gran ansiedaden las familias que allá tenían allegados: de tal suerte se engafió á la opibíón pública en España.


•disgustó mucho á éstos, patentizando lo injusto de laacusación que se le hacía de afecto á los hijos delpaís en un grado sospechoso; tuvo, sí, grandes consideraciones con los filipinos que lo merecían por su conducta, y natural era también que, rodeado y combatidopor los carlistas, tuviese amistad con aquéllos que semanifestaban adictos á Isabel II.
Respecto de los piratas moro-malayos, decía el General Camba al Gobierno en 1 6 de Noviembre de 1837:4 Yo no puedo persuadirme que el temperamento adoptado de liacer paz y alianza con el Sultán de Joló hayade proporcionar á nuestra navegación y comercio ninguna ventaja sólida y permanente».
Y así es^ en efecto, como la experiencia ha demostrado, con tristísima elocuencia, desde el principio denuestras relaciones con los falaces Sultanes de Joló y Mindanao.
En 1837 vio la luz pública en Manila la Flora de FilipinaSy obra importantísima, que ha hecho inmortal elnombre del sabio cuanto modesto religioso agustino calzado Fr. Manuel Blanco (0.


(1) FUra de Filipinas sigún el sistema sexual de Litmea. Por el Padre Fr. Manuel Blanco, agustino calzado, con las licencias necesarias»Manila. Afio de 1837. En la imprenta de Santo Tomás, por D. CándidoLópez.
£n 21 de Marzo de IS40 acordó la Sociedad Económica de Amigosdel País conceder 500 pesos al P. Blanco para los gastos de impresión ypublicación de la FUra que lleva su nombre.
En 1845 publicóse la segunda edición corregida y aumentada por elmismo autor, y posteriormente la Orden de San Agustín, honrando lamemoria de! preclaro hijo de su proyinda, costeó una magnifica reimpresión editada con gran lujo é ilustrada con preciosos grabados de hiobra del P. Blanco, adicionándola con el manuscrito inédito del P. FrayIgnacio Mercado, las obras del P. Fr. Antonio Llanos y un Apéndice



En 5 de Diciembre de 1837  decretada la reforma del ramo de Correos en Filipinas, y, en su consecuencia se nombraron Administrador é Interventor á sueldo fijo, cuyos funcionarios entraron á desempeñar su cometidoen Octubre de 1838, estableciéndose desde dicha época el fianqueo y certificados y apartado de la correspondencia; impúsose el porte á la que llegaba del extranjero, y se concentró toda la correspondencia en dicha oficina (0.


con todas ]as nuevas investigaciones botánicas referentes al Archipiélago filipino, bajo la dirección científica del P. Fr. Andrés Naves^siendo su editor el ilustrado ingeniero de Montes D. Sebastián Vidal ySoler, competentísimo botánico y escritor muy notable. Los cuatro tomos de que consta la tercera edición de la Flora del P. Blanco publicáronse sucesivamente en los afios de i877t 78, 79 y 80.
£1 virtuoso y docto P. Blanco nació en Navianos, provincia de Zamora, el 24 de Noviembre de 1778. Tomó el hábito en el Colegio deValladolid en 1794» y profesó en el mismo en 1795. Llegó á Filipinasen 1805. Aprendió el tagalo en el pueblo de Angat (Bulacán). Fué cura párroco de los pueblos de San José y Bauan, en la provincia de Batangas, y en los de Pásig y Parafiaque, en la provincia de Tondo. FuéPrior del Convento de Manila y del de Guadalupe, dos veces Procurador general de su provincia. Definidor y Provincial de la misma. Tradujo al tagalo el arte de medicina casera de M. Tissot, y publicó en elmismo dialecto un tratado sobre la preparación y acción de gracias parala confesión y comunión, y otro en igual dialecto para ayudar á bieivmorir. Falleció en \.^ de Abril de 1845.


(1) La renta de Correos se estableció en Filipinas en 1767 bajo ladependencia de la general de Méjico, rigiéndose por la Ordenanza éInstrucción de 1762. Las cartas que condujeran los capitanes, tripula-clones 6 pasajeros de los buques del exterior, debían entregarse al Administrador del ramo bajo las penas reglamentarias en caso de que asino lo hicieran. £1 Administrador percibía el 25 por 100 del productode portes de la correspondencia de la Península. En esta forma se llevóel servicio hasta 1 783, en que, á excepción de la correspondencia de Ja Penfnsula y Nueva España, toda la demás iba á la Secretarla del Gobierno general, donde era distribuida sin pago de coste. Rcgularíxadas por Real decreto de 24 de Octubre de 1838 fué creada en España una Junta consultiva para los negociosde Gobernación de Ultramar, nombrando individuos dela misma, entre otros, á los ex-gobernadores superioresde Filipinas, Ricafort y Enrile,

El 18 de Diciembre se recibieron en Manila, por lavía de China, periódicos extranjeros, en algunos de loscuales publicábanse noticias que, aun suponiéndolas inciertas, causaron profunda sensación.

El Times, en un suelto de 10 de Julio de i83S, decía tque fué asunto de conversación en Madrid, según parece, el que habiendo perdido Camba á su mujer en Manila, quiso fuese enterrada con los honores casi de la dignidad real, y que habiéndose negado las principales autoridades á consentir en ello, él las trató con la mayor indignidad. El Gobierno, al oir hablar de estaextravagancia, nombró al Sr. Lardizábal para que lo reemplazara en el mando».
Semejante calumniosa y á todas luces falsa y ridicula acusación no mereció á Camba crédito alguno. Era, en realidad, increíble que por un motivo tan evidentemente destituido de fundamento y seriedad pudiese el Gobierno tomar la grave resolución de su relevo, pues, como dejamos apuntado, los honores fúnebres hechos á la señora de Camba se ajustaron estrictamenteal ceremonial establecido de antiguo para tales casos. Pero á los ocho días, ó sea el 26 de Diciembre, fondeó en Manila la fragata Nueva Victoria conduciendo al nombrado para relevar á Camba, quien le remitió el traslado de su nombramiento.


(1) expediciones postales en Luzón por el General Enríle, se recibía y distribuía en la Secretaria del Gobierno la correspondencia del interior, entendiendo de la del extranjero la Comisión de policía y seguridad pública.

Inmediatamente cumplimentó Camba la orden del Gobierno, dando aviso á las autoridades de la llegada del Sr. Lardizábal, á quien leenvió á bordo el ceremonial de su recepción, á la parque le hacía los corteses ofrecimientos de rigor, desembarcando la nueva autoridad el 27 y haciéndole entrega del mando el zg, sin que se alterase el orden público ni se notara el menor síntoma de la efervescenciaen que se creía en Madrid que estaba ardiendo Manila,y así se lo confesó noblemente Lardizábal á Camba deoficio y lo comunicó con igual fecha al Gobierno de España.
Por la correspondencia particular de la Península, repartida á la llegada de la Nueva Victoria, súpose, conextrañeza y disgusto de las personas rectas é imparciales, el género de guerra que habían hecho sus enemigos al General Camba y la atmósfera que contra él se formara en Madrid, que dio por resultado su inmediata separación del mando que ejercía.
Las especies contra él propaladas, falsas y calumniosas y desde luego exageradas, si alguna había que revistiese visos de verdad, fueron las siguientes:
» Haber ocultado al Gobierno las ocurrencias de Febrero de 1837. (Estaba aún en Madrid.)
» Que mandó hacer honores fúnebres á su difunta esposa como de dignidad real, y que maltrató á las autoridades que manifestaron oposición.
» Haber separado jefes de cuerpo para colocar otrosdel país.
» Que entorpecía la marcha de la Audiencia y desconocía la autoridad del Regente y Ministros del Tribunal.
» Que había atropellado y hasta amenazado de fusilar á alguno de los Ministros de la Audiencia porquehabía protestado de actos de su gobierno como abusivos y fuera de la esfera de sus atribuciones.
» Que por un exceso de celo en favor de los naturalesde Filipinas maltrataba á los europeos^ y que teníaaquella provincia en la mayor inquietud.
» Finalmente, que tenia miras siniestras respecto de las Islas Filipinas (O».


(1) Como muestra de lo que en países como Filipinas alcanzan el apasionamiento, la ociosidad y la obsesión, puede verse la terrible carta escrita en 25 de Enero de 1839 desde Manila por el agustino Fr. Antonio Jiménez á un conocido suyo residente en España; carta que Camba copia en su folleto Los diez y seis meses de mando superior en Filipinas. E1 citado religioso consigna como articulo de fe y dándolo por verdad las mayores atrocidades, explicando á su manera los sucesos y calificando á Camba del modo más despiadado. No sin razón dice éste ensu exposición á la Reina, al hacerse cargo de esa carta:
"Pero abruma, Señora, que tan desapoderadamente escriba un misionero de Filipinas, un ministro del Dios de paz y de verdad, encargado, no sólo de predicar la sublime moral del Evangelio, sino de enseñarla á practicar con su ejemplo á subditos sin duda ñeles á V. M. y afectos á los españoles, pero ignorantes y sencillos... Si todos los frailes en Filipinas profesaran los abominables principios del desalmado P. Jiménez, era absoluta é indispensablemente necesario á la conservación de la paz de esas Islas, fíeles á la Reina y á la España, no cesar de pedir á V. M. su pronta reforma; pero, afortunadamente, tal vez no se halle allí otro que profese tan perversa moral, aunque participealguno de su errónea opinión politica.
Las notas que pone Camba á la carta son terrible cáustico á la intemperancia del P. Jiménez.



Durante el tiempo que permaneció Camba en Manila después de entregar el mando y hasta su embarque para Europa el 8 de Marzo, recibió señaladas muestras de consideración y respeto por parte de todas las Corporacíones incluso las de regulares {I), y de los españoles, extranjeros é indigenas. Únicamente el Arzobispo D. Fr. José Seguí se abstuvo en absoluto de verlo ni de manifestarle la menor atención (2).
En 29 de Diciembre de i838 entró á gobernar en Filipinas el Mariscal de Campo D. Luis Lardizábal y Montoya, natural de Vizcaya.
Por Real orden de 16 de Noviembre de 1836 habíase prohibido la celebración de Capítulos provinciales en Filipinas.
El P. Fr. Pedro Machado, Comisario de los recoletos en Madrid, suplicó á S. M. que derogara aquelladisposición, y se decretó el envío de su escrito á Filipinas para que el Gobernador de las Islas, de acuerdo conel Arzobispo, determinase lo que conforme á las circunstancias del país conviniera hacer.
Lardizábal, á quien le tocó resolver este asunto, determinó que se celebrasen los Capítulos, debiendo concurrir á ellos, en representación del Vice-Real Patrono,el Oidor más antiguo de la Audiencia, lo que se ha venido practicando hasta que, creado el Consejo de Administración, se encomendó aquel encargo á uno de los Consejeros.


(1) Camba, en su folleto citado, dice que no era enemigo de los frailes como algunos lo presentaban.
"Conozco y he sostenido, escribe, la utilidad de los frailes buenos en Filipinas, no precisamente por frailes, sino por su calidad de sacerdotes españoles; y estoy persuadido que los más ilustrados y juiciosos contaban firmemente con mi apoyo en razón y justicia, y que me tenían por tau apreciador de sus buenos servicios, como por el más decidido aplicador de la severidad de las leyes si las contravenían".
(2) Algún tiempo después de su regreso á Espafla fué elegido Camba senador por Valencia, y el Regente del Reino, Espartero, por decreto de 21 de Mayo de 1841, lo nombró Ministro de Marina, Comercio yGobernación de Ultramar, cuyo cargo desempeñó hasta el 25 de Mayode 1842, en que se le admitió su dimbión.


En 29 de Marzo de 1839 se dispuso por la Capitaníageneral de las Islas el aumento de una sección de granaderos de marina sobré las dos en la actualidad existentes (0.
Por Real decreto de 26 de Abril de 1839 se mandóque por las oficinas superiores de Hacienda de la Península se llevase cuenta y razón délo recaudado y gastado en las provincias de Ultramar (2).
La Intendencia general de Ejército y Superintendencia subdelegada de Hacienda por decreto de 14 de Junioy dio á conocer la forma en que debía hacerse el empadronamiento de chinos y las bases para la recaudación de las contribuciones de estos extranjeros, conforme á los preceptos de la Real orden de 10 de Agosto de 1834, en ía que prevenía S. M. que se verificase de lamanera que á la Intendencia le pareciese más conciliadora, «para que sin gravamen de los intereses del Estado se alivie en lo posible la suerte de aquellos desgraciados que tengan poca posibilidad de pagar su tributo».


(1) Fué aprobada esta detenninatíón por Real orden de 7 de Febrero de 1842.
(2) £1 art. 1.^ de esta disposición dice: fA contar desde l.^deEnero del presente afio 1839, se llevará en las Contadurías generales devalores y de distribución de la Hacienda pública cuenta y razón exactade loa ingresos y de los gastos que tengan lugar en las islas de Cuba,Paerlo Rico y Filipinas.
f Art. 2.® Las oficinas de las mismas islas remitirán en derechura ála Contaduría general de valores extractos ó resúmenes generales de lascuentas de recaudación é inversión de los productos de sus rentas, redactándolos por trimestres, conforme á Real orden de 6 de Juliode 1838».


El Gobierno Superior, por decreto de 31 de Agosto, puso en vigor el de la Intendencia del 14 de Junio. Poresta disposición se clasiñca á los chinos en transeúntes,de invernada y radicados; se les permite elegir el oficioque más les acomode, sin limitación alguna; se condena á trabajos públicos á los chinos radicados que fueren aprehendidos sin cédula ó sin pasaporte, y se ordena la deportación á Zamboanga, Misamis, Paragua y Calamianes de todos los que estuviesen cumpliendocárcel por delito de su capitación, tanto en Manila como en Cavite, á tín de conseguir por este medio quefuesen poblando dichos puntos.
El 6 de Julio de 1839 comenzó á publicarse en Manila un periódico semanal titulado Precios corrientes deManila, impreso á dos columnas, en castellano é inglés,consagrado á las noticias que su titulo indica.
Por circular de la Dirección de Rentas estancadasde España de 7 de Junio de 1839, se pidió informe álos Intendentes de las provincias de la Península acerca del concepto que á los consumidores del tabaco filipino les mereciera éste .
«La opinión unánime de estas personáis (las que habian examinado tabacos filipinos) ha sido que el tabaco filipino reunia condiciones que le recomendaban ydaban la preferencia sobre el Virginia y Kentuky, calificándole de mejor calidad, y añadiendo que sí se conseguía mejorar su beneficio en los puntos de la producción introduciendo ciertas prácticas que se observan porlos cultivadores de otros países, sería probablementepreferible á los demás tabacos, excepto el superior habano», etc.
En 23 de Agosto del mismo año decía la expresadaDirección en otra circular, que reconocida la superioridad del tabaco filipino sobre el del extranjero, se cuidase del esmero en su elaboración para evitar fraudes quepudieran desacreditarlo; y con fecha del 26 del propiomes y año dirigió observaciones á los citados Intendentes para que se cumplieran los deseos de la Direcciónde acreditar el tabaco de aquel Archipiélago, ordenandoel envío de estados justificativos de la buena 6 malaacogida que los consumidores le dispensaran.

En 1839 creó Lardizábal la provincia de Nueva Vizcaya, nombre que le puso en recuerdo de su patria, segregando al efecto algunos pueblos de la parte Sur dela provincia de Cagayán.
En el mismo año murió el infatigable D. GuillermoGalvey, uno de los jefes del ejército más beneméritos,cuyo nombre recuerdan aún con terror los igorrotes delAbra, batidos por él en multitud de encuentros.
En el expresado año de 1839 estuvo en JoIó Dumontd'Urbille (1).
Por los años de i838 y 39 sufrieron cruel persecución de las autoridades del Tonkin los cristianos de estereino, siendo decapitados dos Obispos y tres misioneros españoles del Orden de Predicadores, y varios catequistas y sacerdotes indígenas (2).
En 21 de Mayo de 1840 comunicó Lardizábal á laAudiencia la Real orden de 4 de Octubre de 1839, relativa á los requisitos que debían observarse para la introducción y circulación de libros en las Islas, previa


(1) Véase Yoyage au PbU Sud ti dans tOcéanit sur les eorvetUtÍAstroUbe ei ia Zélée: París, 1844.
(2) Los detalles de estos sucesos pueden verse en las Cartas delR. P. Fr. Domingo Martí, impresas en Manila en 1840, y en la Cartaípnsúiatúrsa (Roma 4 de Agosto de 1839)» y AUcudón de 27 de Abrilde 1S40 del Papa Gregorio XVI, referente á los mártires del Tonkíi^en dichos afios.



designación de las que merezcan censura, hecha por el fiscal de S. M., nombrándose después un censor por el Gobierno y otro por el Arzobispo, volviéndose á dar ,vista al Fiscal una vez hecha la calificación y censura;y si a resultase haber fundamento bastante para prohibir la circulación de cualquiera obra, porque contenga principios, máximas ó doctrinas contrarías á los derechos del trono legitimo ó á la religión del Estado, seano sólo recogida, sino reembarcada acto continuo (O».
El i5 de Julio se inauguró la Escuela de Comercio,establecida á solicitud de la Junta de este nombre, laque en i.° de Octubre del año anterior presentó el correspondiente acuerdo al Gobernador de las Islas, sirviéndose prestarle su superior aprobación en i5 de Enero siguiente.
La expresada autoridad publicó en 1 6 de Septiembreun importante bando respecto al tributo de los indígenas y mestizos de sangley.
Por Real decreto expedido en Valencia á 12 de Octubre (1840), hizo renuncia de la Regencia del ReinoS. M. Doña María Cristina, confiando sus hijas á lasCortes, y dejó nombrado ayo instructor de aquéllas aleximio poeta D. Manuel José Quintana.


(1) Por Real orden de 19 de Noviembre de 1840, comunicada porel Ministerio de la Gobernación de Ultramar al de Gracia y Justicia ypor éste al Gobernador de Filipinas en 19 de Enero siguiente, se adiciona la de 4 de Octubre de 1839, mandando que, eii caso de discordancia entre los dos censores, decida la cuestión el Fiscal, y que loscapitanes de buque acrediten el reembarco de las obras prohibidas, (cmassin retener la propiedad ajena, como parece pretende el M. R. Arzobispo», quien había pedido que los libros decomisados se le entregasenpara evitar que fueran introducidos furtivamente.

Una Regencia provisional presidida por Espartero se constituyó inmediatamente» y en 14 de Octubre convocó Cortes para el 19 de Marzo de 1841.
En II de Noviembre reprodujo Lardizábal el bandode Ricafort de 1828» prohibiendo á los extranjeros vender al por menor é internarse en las provincias para comerciar.
En 21 de Diciembre decretó la Superintendenciasubdelegada de Hacienda la reforma de las oñcinas delramo y. la plantilla general de sus empleados.
En su consecuencia, se separó de la Dirección delTabaco el conocimiento de las fábricas y colecciones,y se creó una Dirección de Fábricas, entrando la delTabaco á formar parte de la Administración general deRentas estancadas unidas; conociendoi además, estadependencia de todos los ramos que corrían á cargo dela suprimida Administración general de vinos, y del papel sellade, pólvora y naipes, como efectos estancados.
Creóse asimismo una Administración general de tributos y demás ramos anejos, que entendía en lo concerniente á galleras, diezmos y demás que dependíande la Contaduría general de Ejército y Hacienda, haciendo extensivo á las oficinas generales de Intervención el sistema de contabilidad por partida doble, quedesde Enero de 1889 estaba en práctica en la Contaduría.
Lardizábal dictó instrucciones para que las cuentasde propios y arbitrios se rindieran con la debida justificación, con el deseo de evitar abusos y filtraciones.
Entre sus medidas militares fué la principal el ordenar la concentración en Manila de algunas compañíasde artillería destacadas en provincias, por estimar másútil su acción en la capital.
Lardizábal sometió al Grobierno Supremo el proyecto de un monumento á Magallanes en la islita de Mactan (Cebú) y donde fué muerto por los indígenas el célebre descubridor de Filipinas.
Desde que Lardizábal llegó al país, sintióse en él á disgusto, y solicitó con reiterado empeño su relevo (O. Obtúvolo al cabo y embarcó para España, teniendo la desgracia de morir á los pocos días de su salida, siendo sepultado en una islita próxima á Anger (isla de Java).

(1) Mas ha dicho de Lardizábal:
La fisonomia sobresaliente de su carácter era la paz y la conciliación
«Tenía una aversión especial á los negocios, y á poco de haber llegado á las Islas empezó á suplicar se le relevase; nombróse por fín susucesor, y le estaba esperando con una impaciencia que tocaba en extravagancia. No creo que haya jamás habido un hombre que deseasetanto ser Gobernador como deseaba Lardizábal dejar de serlo».

CAPITULO II.


Gobierno de Oráa.— Su actividad. — Regencia de Espartero. — Créase un Gobierno- Intendencia de Visayas.^Se encarga Matta de la Intendencia y Saperintendencia. — Junta de Ultramar.— Cofradía deSan José, fundada por el donado indio Apolinario de la Cruz.—Reúne multitud de adeptos. — Juntas clandestinas en Lucban. — Perseguidos por el párroco, se trasladan á Majayjay. — Pretende Apolinario legalizar su cofradía. — Las autoridades eclesiásticas le nieganla autorización. — Aconsejado por un clérigo, por varios abogados ypor un rico mestizo del país, apela á la Audiencia.— Manda Oráaque se le presente, y se oculta. — Ordena la prisión del clérigo y deApolinario y sus secuaces. — £s sorprendida su correspondencia enMajayjay. — Marcha á Manila el gobernador de Tayabas, y deja el mando al pedáneo indio.— >Sitúanse Apolinario y sobre 3.000 cofrades de ambos sexos cerca de Tayabas, y entablan negociaciones con el pedáneo para ocupar la cabecera. — Estórbalo el párroco y la llegada del Gobernador. — Les intima se disuelvan, y lo rehusan. —Reúne precipitadamente algunas fuerzas, y marcha al encuentro de los sediciosos. — Resisten éstos, le abandonan sus acompaftantes y es muerto el Gobernador. — Retiranse á Manila los párrocos de Tayabas y Lucban, y queda la provincia á merced de los indios. — Pretenden los sediciosos entrar en Tayabas, y lo dilatan por acuerdo delos principales. — Acampan en Alitao.— Harem de Apolinario. —Manda Oráa una columna de tropas para batirlos,— Reúnense las fuerzas leales de La Laguna y Tayabas, y marchan contra los rebeldes. — Desprecian éstos el indulto con que les brindan. — Son batidos, muertos muchos, y caen prisioneras centenares de mujeres. — Sumaria contra Apolinario. — Es fusilado.— Carácter político de esta sedición. — Prisiones con tal motivo. — Residencias en Ultramar.— Enajenación forzosa.^-Reglamento para la bahía de Manila. — Minas decarbón. — Libertad en la construcción de buques. — Reforma de cepos. — Periódico Sentanario filipino, — Subdelegación de medicina. —Cazadores de Luzón. — Sublevación de un regimiento compuesto dehijos de Tayabas.'— Es sofocada y mueren fusilados sus promovedores. — Prisiones de sospechosos. — Son absueltos. — Únese al Gobiernode nuevo la Superintendencia. — Disposiciones administrativas. —Marcha de Oráa á España. — Mando de Alcalá. — Impulsa el desarollo natural del país.— Cuadro de reemplazos. — Cesa Espartero en laRegencia. — Gobierno provisional. — Decretan las Cortes la mayorfade Isabel II. — Ordena su jura y proclamación. — Dispone elegir sitioen Basilan para un fuerte, y ocupa defínitivamente la isla. — Sus opiniones sobre Joló. — El régulo de Sibuguey cede el territorio de Biasungán. — Apostadero y Comandancia de fuerzas sutiles de Visa^yasen Cebú. — Sepárase la Comandancia del apostadero del Gobiernogeneral. — Es nombrado Comandante general Ruiz de Apodaca. —Bando sobre champanes chinos. — ídem sobre estanco del aniión —Sociedad de Danzas. — Real orden respecto á extranjeros. — Compañías de Zamboanga. — Bando sobre armas. — Reforma de las oficinasde Hacienda. — Sepárase de nuevo la Superintendencia del Gobierno.^Nuevos bandos de buen gobierno. — Excelentes condiciones deAlcalá.

En Febrero de 1841 tomó posesión del Gobierno de Filipinas el Teniente general D. Marcelino de OráaLecumberri, natural de Navarra.
«Su actividad y afición á los negocios contrastaban singularmente con el carácter tan distinto de su antecesor. El despacho, la mesa, el paseo, la tertulia, el baile, todo era para él oficina, y en todas partes se ocupaba en hablar ó preguntar sobre materias concernientesal Gobierno que desempeñaba». — (Mas.)
Las Cortes españolas, reunidas en el Palacio del Senado, por acuerdo de 8 de Mayo de 1841, decidieronque la Regencia del Reino fuese unitaria, nombrandoRegente á D. Baldomcro Espartero, Duque de la Victoria.


Por Real orden de 27 de igual mes y año fué creado un Gobierno-Intendencia de Visayas, al que se asignaban las provincias de dichas Islas, y las de Misamis,Caraga y Zamboanga en Mindanao, y Calamíanes, estableciéndose la capitalidad en Cebú.
Para el desarrollo y ejecución del soberano mandatoredactó Oráa las instrucciones correspondientes, queconstan de 68 artículos: por el art. 5.^, con objeto detener exacto conocimiento material del territorio delnuevo Gobierno y para plantear las reformas administrativas y económicas que conviniese, se ordena la formación de • Cartas topográficas de cada provincia, enque se señalen y distingan sus respectivos términos, yse marquen sus pueblos, montañas, bosques, ríos y lagunas; la calidad de sus costas y exacta situación de suspuertos, radas, cabos y ensenadas, valiéndose para ellode las personas facultativas é inteligentes que haya enel distrito, con presencia de los trabajos ya hechos,mientras se le destina el competente número de ingenierost, etc. Por el art. 12 se recuerda lo repetidamente recomendado por las leyes vigentes respecto á quese enseñe el idioma castellano á los indios, debiendo elGobernador velar por que los jefes de las provinciascumplan en esta parte las Ordenanzas de buen gobierno, con orden de separar al maestro que no enseñe elcastellano á sus discípulos; presenciar una vez al añoen cada pueblo el examen de ¡os niños, y ver si el párroco y el gobernadorcillo cumplen con el deber de pro<>curar que los padres ó tutores obliguen á sus hijos y pupilos á concurrir á la escuela. Por el art. i3 se previeneel buen trato á los indios, atendiendo al fomento de laagricultura y cría de ganados útiles, y á la libertad queles corresponde «de vender sus frutos y manufacturas y comprar los que necesiten^ cuándo, cómo y á guienles conveogat . Por el art. 3i se manda al Gobernadorde Visayas que procure por todos los medios la construcción de caminos, y que remueva los obstáculos queimpidan la navegación de los rios y esteros* Por el 33se le encarga constante vigilancia para el exterminio délos malhechores y persecución de los vagos y mal en*tretenidos. Por el 41 se le prescribe que no sufran menoscabo los derechos del Real patronato en el tenito*rio de su mando. Por el 44 se le prohibe que se cumplaninguna bula, breve ni rescripto pontiñcio que carezca,del previo requisito del execuator regio; y por el 46 sele encomienda que vele por que los párrocos y doctrineros desempeñen las obligaciones de su ministerio conarreglo á sus sagrados deberes (1).
En 2 de Junio de 1841 se posesionó D. Juan Manuel de la Matta de la Intendencia general de Ejercitay Real Hacienda, con la Superintendencia.
Por decreto de la Regencia del Reino de 3 de Juliosiguiente, precedido de exposición del Ministro de Marina, Comercio y Gobernación de Ultramar, D. AndrésGarcía Camba, se estableció en Madrid una Junta deUltramar encargada de revisar las leyes de Indias, «áfin de designar las que debían quedar vigentes; las quehubieren de omitirse por haber caído en desuso, porhaber sido derogadas ó por no conducentes ya, y lasque debían sustituir á éstas, con el objeto de cumplirel art. 2.^ de los adicionales á la Constitución de 1837».


(1) Instntedofus "^dxz el Gobierno-Intendencia de Visayas. En la parte de gobierno, administración de justicia, vicepatronato Real y secretaria, extendidas con presencia de la Real orden de 27 de Mayo de1841. — Manila, imprenta de D. M. Sánchez, 1 843.


Entre los individuos de esta Junta figuraba D. Francisco Entrambasaguas, Ministro que habia sido de laAudiencia de Manila.
El hecho culminante del gobierno de Oráa fué lagrave sedición ocurrida en la provincia de Tayabas.
Un donado del Hospital de San Juan de Dios de^aniia^ indio, llamado Apolinarío de la Cruz, naturalde Luchan (Tayabas), ideó fundar una Cofradía de SanJosé, con la única mira, en un principio, de vivir á expensas de los crédulos que le secundaran; y en efecto,como los indios son tan aficionados á este género de sociedades, y más si se las reviste de cierto carácter misterioso y de religión, en breve contó Apolinarío grannúmero de prosélitos en las provincias de La Laguna,Batangas y Tayabas.
Á mediados de 1840 comenzaron á tener conciliábulos y juntas en el pueblo de Luchan numerosas personas de ambos sexos, en cuyas reuniones se leían cartasde Apolinarío referentes á la Cofradía por él instituida:cada asociado contribuía con la cuota mensual de un realfuerte, y después de tener gran comilona y jolgorío seretiraban los cofirades á sus respectivos pueblos. Súpolo«1 Vicario foráneo y cura párroco de Tayabas, capital dela provincia de este nombre, y le llamó la atención sobre ello al párroco de Luchan. Cuenta éste (O que supuso desde luego que procedía de semejantes reunionesuna misa cantada en obsequio de San José que mensualmente le pagaban personas incógnitas, y que decidió



(1) Raiaciám expreswa di Us prmeipmUs accnUcimUntos di la /¿A»iada CofrñdU dtl siñar San Josi. Formada por el M. R. P. Fr. ManuelSancho, cora del pueblo de Luchan.^ (Véate La PaUtieade EipoMatnJnU^maM^ números 21 y siguientes.)


negarse en lo sucesivo á aceptarla y concluir con la Hermandad. Asi lo hizo al presentársele el 18 de Octubreun indio con el importe de la misa, y por su mandatofué el gobernadorcillo con algunos principales á sorprender la reunión de los cofrades al día siguiente, prendiendo á 243 personas de las 500 o 600 que ordinariamente solían asistir á dichas Juntas, dando parte el pedáneo de todo ello al gobernador de la provincia, é indicándole que dejaba de formar sumaria en razón á que el asuntocorrespondía al fuero eclesiástico. El gobernador le ordenó el mismo día la libertad de los detenidos, supuesto que esa incumbencia no era suya y sí del Juzgado eclesiástico, y con esta determinación se crecieron grandemente los cofrades. El párroco, en vista de ello, oñció algobernador llamando su atención acerca de la gravedadque el asunto revestía, y lo conveniente que era coadjruvase con su autoridad á reprimir el mal en sus comienzos, y, aunque no le contestó, dio orden al gobernadorcillo de Luchan para que cooperase á este fin contoda su fuerza, auxiliando á aquél en cuanto necesitara.
Los asociados se abstuvieron por entonces de verificar sus clandestinas reuniones en Luchan, trasladándolas al pueblo de Majayjay, de la inmediata provincia deLa Laguna, en cuyo punto llevaba la dirección de lasjuntas un titulado secretario de Apolinarío, quien recibía de éste cartas que leía en las juntas, recaudandolos donativos de los asociados.
Apolinarío, mientras tanto, aconsejado por el clérigoindio D. Ciríaco de los Santos, que hacía oficios de tesorero de la Cofradía y le auxiliaba en su organización,solicitó la competente licencia de las autoridades eclesiásticas para legalizar la existencia de aquélla; y ha' biéndosela negado, apeló á la Audienda, interviniendo directamente en el curso de este negocio el comerciante de la capital, también nacido en el país, D. Domingo de Rojas, de quien era capellán el D. Ciríaco, y varios abogados asimismo indígenas. Enterado el GeneralOráa de los propósitos de Apolinario, y comprendiendotoda la gravedad de la trama urdida, lo mandó comparecer á su presencia; mas sin duda temió que le prendieran y se ocultó, siendo reducido á prisión el clérigo DonCiríaco de los Santos; ordenóse entonces la captura deApolinario y de sus secuaces á los jefes de las provinciascorrespondientes, y en su consecuencia fué sorprendidael 19 de Septiembre de 1841 la junta de Majayjay conel auxilio é intervención del párroco del pueblo, Fr. Antonio Román, si bien por haber tenido aviso previo dela proyectada captura fugáronse casi todos los asiduosconcurrentes de Majayjay y pueblos limítrofes; mas ocupada la extensa correspondencia de Apolinario y su secretarío Octavio Ignacio de San Jorge y los más significados cofrades de La Laguna y Tayabas, redujese áprisión al titulado secretario y algunos más de los principales cabecillas^ circulando el jefe de la provincia deLa Laguna oficios al Alcalde mayor de Tondo (Manila) para la captura de Apolinario, indicándole el domicilio en que se ocultaba, según se desprendía de una desus cartas cogidas en Majayjay, y al gobernador de Tayabas para la captura y remisión á su juzgado de determinados sujetos.
En estas difíciles circunstancias ocurriósele al gobernador de Tayabas trasladarse á Manila, y obtenido elnecesario permiso, salió para la capital de las Islas el28 de Septiembre, dejando encargado del mando de laprovincia al gobernadorcillo de la Cabecera, indio indiferente ó afecto, si no cómplice, de los fanáticos cofrades de San José, á cuya Sociedad pertenecía su mujer, ymerced á esta inexplicable duplicada torpeza del gobernador de Tayabas de abandonar la provincia en tan críticos momentos y de fíar el gobierno de ella á un indio,pudieron los cabecillas de la Cofradía eludir las órdenesde su captura, congregándose armados en el pueblo deBay, de La Laguna, donde, reunidos con los de estaprovincia, recibieron al ex-donado Apolinario, que sehabía fugado de Manila en una banca, y todos juntos,pasando por los pueblos de San Pablo (entonces de Batangas y hoy de La Laguna), Tiaon y Sariaya, ambosde Tayabas, estableciéronse en el sitio de Igsaban, punto ventajosamente situado entre la capital de Tayabasy el pueblo de Sariaya, y propagándose la noticia conceleridad pasmosa, en breve se vio rodeado de multitud grandísima de personas de todas clases, sexos yedades.
Aprovechando la feliz coincidencia de ejercer el mando de Tayabas, como hemos, dicho, un indio cuya mujer pertenecía á la Asociación, entablaron negociacionescon él para ocupar la Cabecera, y el indigno munícipe,correspondiendo necia ó traidoramente á la insigne honra y á la indebida confianza que en él depositara sujefe, intentó complacer al ex-donado y secundar sus planes; pero les faltó valor, tanto á él como á los principales con quienes trató del asunto, y no atreviéndose áobrar por sí, temerosos seguramente de las consecuencias, vieron de conseguir su propósito de un modo indirecto, y acudieron al Vicario y párroco de Tayabas,Fr. Antonio Mateo, diciéndole que los cofrades de SanJosé querían celebrar un novenario en la iglesia á sucargo; mas el párroco no sólo se negó á ello, sino queexhortó á los reunidos en Igsaban por medio de comisaríos á que se disolvieran y abandonaran á aquel embaucador.
En esto, el 22 de Octubre regresó á Tayabas su gobernador D. Joaquín Ortega; celebró en el acto una junta, á la que, según parece, únicamente convocó á losmunicipes indígenas, cosa incomprensible habiendo enesta capital vanos peninsulares, y de acuerdo con aquéllos dirigió una intimación á los sediciosos para que sedisolvieran inmediatamente; pero fué rechazada conmenosprecio esta advertencia, y entonces, reuniendo átoda prisa las fuerzas que pudo, compuestas en total deunos 3oo hombres de la llamada tropa de dotación,cuadrilleros é individuos del resguardo, algunos cabezas de barangay, los padres franciscanos curas de Luchan y Tayabas, y el administrador de rentas D. Salvador de Roda, marchó el 23 al encuentro de los rebeldes, cuyo número no bajaba de 3 á 4.000 personas.
Al avistar á los secuaces de Apolinarío, á eso de lastres de la tarde, el gobernador, poseído de imprudentearrojo, se adelantó contra ellos, haciendo disparar trespedreros que llevaba. Los sediciosos contestaron con susfusiles y con una nube de flechas diestramente arrojadas por los salvajes aetas, que habían atraído á su campo los revoltosos, introduciendo esa inesperada resistencia el más espantoso desorden en la heterogénea hueste de Ortega, que huyó despavorida, arrastrando en sufuga al Vicario foráneo y su hermano de hábito y aladministrador de rentas.
. Envalentonados los cofrades del ex-donado ante ladeserción de sus contrarios, y dóciles á la voz de su cabecilla en jefe, apodado Purgatorio^ acometieron conmayor empuje hasta lograr apoderarse de los pedreros;y encontrando solo y desmontado al desgraciado gobernador Ortega, que no quiso seguir á los suyos en su cobarde huida, diéronle muerte con multitud de heridas (O, «llegando aún el encono i su barbarie hasta elpunto que despojando el cadáver de sus armas é insignias, dejáronlo custodiado por numerosas bandas deaetas, al parecer con la misión de impedir fuera retirado y recibiera sepultura eclesiástica: asi finaron tristemente las esperanzas de una madre que en este jovende 26 años estaban cifradas, y asi terminó sus dias unoficial vizarro á quien respetaron mayores riesgos, asesinando con el Jefe de la provincia el poco prestigioque al Govierno de S. M. restara, y en virtud del quepudieron sostenerse sus delegados (2)». Obtenido taninesperado triunfo, entablaron nuevas negociaciones lossublevados con los principales para ocupar la Cabecerade Tayabas; mas por etiquetas entre algunos de éstosque no lo estimaban oportuno, sin que entre los que seoponían figurase el gobernadorcillo, jefe accidental diasantes de la provincia, retiráronse al sitio de Alitao paracelebrar un novenario, á cuyo término se prometían tener allanadas las dificultades del momento y hacer suentrada triunfal en Tayabas, visto lo cual marcharoná Manila el cura de Luchan y el Vicario párroco deaquella Cabecera, con ánimo de dar cuenta al Gobiernoy á sus superiores del mal sesgo que presentaban los

(1) Según posterior decía 1 ación de Apolinario. los asesinos delgobernador Ortega fueron Apolonio (a) Purgatorio y los indígenas dela Cabecera de Tayabas, Rafael de los Santos y Eleuterío de San Juan,habiéndose ejecutado la muerte por orden del citado Purgatorio,
(2) Relación citada del P. Sancho.
£1 propósito que indica e 1 autor respecto del cadáver de Ortega, nopudieron realizarlo, poique de noche fuéles robado por algunos piadosos indios y sepultado en Tayabas.



asuntos en la localidad, quedando la provincia á merced de los indios, en vez de seguir en ella dichos religiosos para alentar con su presencia y enardecer consus exhortaciones á los leales.

Situado Alitao en una llanura próxima á la Cabecerade Taya has; resguardados sus flancos por los rios lyamé Ipilam, y fortificado el frente por el monte San Cristóbal; abundante en ag^as, é inmediatos los medios naturales para atender en cierto modo á su defensa, fortificaron este campamento con una empalizada y lostres pedreros cogidos el 23 á Ortega, construyendo en el centro un camarín de caña y ñipa, adornado en suinterior por colgaduras vistosas, estampas y cuadros deimágenes, en cuya especie de templo iniciaban á los afiliados en la Cofradía por medio de misteriosos rezos, presididos por el ex-donado. Á la derecha del camarínlevantaron una casita de iguales materiales para morada de Apolinario, «en la que retiradamente vivia custudiado de algunos hombres de su confianza, con todala comodidad y regalo imaginable, acompañado sólo demujeres jóvenes, solteras y no mal parecidas que se relevaban por turno, y atendían con esmero sus necesidades y placeres de los afiliados, cuyos alojamientos óalb ergues se extendían á derecha de ambos flancos delcam pamento: sólo era visitado á ciertas horas, y presidido de una ridicula majestad, oponiéndose embarazosy exigiendo su previa licencia aun á las visitas que alguna vez le hicieran los cabecillas de la gente armada,no con otro fin que el de conferenciar sobre su causa yelementos que para la defensa contaran (O».



(1) RdacUn citada.



£1 gobemadorcillo de LucbaUi D. Miguel de San Buenaventura, cumpliendo con su deber, dio parte delas ocurrencias relatadas por propio extraordinario al Alcalde mayor de La Laguna, D. Francisco Gutiérrezde los Ríos, para que lo hiciese llegar á la Superioridad; y recibido el parte á las ocho de la noche del 24, lomandó á su vez por extraordinario urgente al Gobernador de las Islas, disponiendo desde luego la salida de 25 cuadrilleros y seis soldados de dotación á las órdenes de su capitán, D. Clemente González, con orden de que desde Luchan pasaran sin pérdida de momento á Tayabas; verificándolo asi, puesto que el 25 de madrugada entraron en Luchan y el 26 en Tayahas, no obstante el mal estado de los caminos por ser la estación de las lluvias y hallarse casi intransitables, aumentando esta fuerza con otros 30 cuadrilleros que el día 25 hizo salir el citado alcalde de La Laguna para unirse al capitán González, cuyas pequeñas columnas vieron pasarlos rebeldes desde su campo de Alitao sin cuidarse deatacarlas, quizá por considerar despreciables tan escasas fuerzas en comparación de sus numerosos y engreídos grupos, no obstante lo cual bastó en la Cabecera de Tayabas la presencia de esta tropa para que los no afiliados al bando de Apolinario, y los pocos principales que se habían opuesto á su inmediata entrada en aquélla, se agruparan al lado del expresado capitán González.

Tan luego supo Oráa este triste suceso, nombró jefe de la provincia de Tayabas al comandante del resguardo D. Isidro Vital, que gozaba de prestigio en la provincia, de la que se encargó el 29, y además mandó contra Apolinario y su gente una columna con 400 soldados, entre ellos 60 de caballería, al mando del teniente coronel del arma D. Joaquín Huet, cuya fuerza fué engrosada en Tayabas por un número igual de cuadrilleros é individuos del resguardo, entrando en Luchan en la noche del 29. También hizo embarcar 3o artilleros para que fuesen por mar á reunirse con la columna en Alitao.
Las lluvias torrenciales de aquellos días dificultaban el movimiento de las tropas, y cumpliendo Huet con las instrucciones recibidas del Gobernador de las Islas, publicó con fecha 30 un edicto, que fué vertido al dialecto tagalo, concediendo perdón, en nombre de aquél, á todos los que, suponiéndoles engañados, se sometieran en el acto, excepción hecha de algunos cabecillas y del ex-donado; pero éste, á cuyo campo llegaron copias del edicto, lo leyó á los suyos en son de mofa, quemándolo despreciativamente y desafiando á los españoles á que fueran á someterlos (1).
Lo mismo hizo con los ejemplares impresos de una pastoral del Arzobispo encaminada á hacerles desistirde su nefando error.
Puesto de acuerdo Huet con Vital para que preparara su gente, en unión del Alcalde mayor de La Laguna, que había llegado á Luchan seguido de cuadrilleros y gente de mar, salieron en la mañana del 3i para Tayabas, y una vez acordado el plan de ataque entre los jefes mencionados, fuéronse en la madrugada del 1 de Noviembre en busca de los rebeldes, y llegados á vista de su campo á las dos horas de marcha, enarbolaron aquellos ilusos una bandera encarnada adelantándose á


(1) Apolonarío habfa pronosticado á sa gente que tan luego sepresentaran las tropas en contra de ellos, se abriría la tierra y se tragaría á los que tratasen de orénderles, y de abf la unanimidad y arrogancia de sus secuaces en rechazar el indulto que les ofrecía el Gobernador de las Islas.


agredirlos, con más imprudentes ilusiones que conocimientos del arte de la guerra, logrando en los primeros momentos, y merced al acertado disparo de los pedreros, poner en confusión á una de las tres compañias desplegadas en guerrilla; mas su valeroso capitán, D. Ignacio Bueno, se impuso á los que amenazaban desertar,y entusiasmándolos con su ejemplo, recuperaron la posición que momentáneamente abandonaran.
Generalizóse el combate con ardor extraordinario de ambas partes, siendo de admirar el tesón de los rebeldes, á pesar de las muchas bajas que sufrian, y la impavidez de los aetas, que en su incesante disparar de flechas estorbaban el avance de los leales; y visto esto, hizo Huet desplegar en batalla los 60 caballos, mientras Bueno con su gente logró tomar el pedrero del centro, penetrando las tropas en el campamento, siendo arrollados los secuaces de Apolinario y batidos en distintos sitios, tomada su bandera, desmontados los otros dos pedreros, y puestos en desorden, y al cabo en precipitada fuga. Únicamente los guardianes del ex-donadoprolongaron aún por breve tiempo la lucha hasta perderla vida, dando tiempo á su jefe para escapar y ponerse en salvo.. Muertos, prisioneros ó huidos los tenaces ilusos que seguían al falaz embaucador, dio fín con el díael jefe de las fuerzas leales á la acción, acampando aquella noche en el centro del lugar tomado á los rebeldes.

Murieron en la acción 240 indios, entre éstos alguna mujer y algún niño que entre ellos estaban, cosa que fué después objeto de criticas contra Oráa y sus delegados (0.


(1) Razonando sobre este hecho, dice el P. Sancho: «Concluyamos que los que murieron, por su propia culpa murieron.

Después, en la batida que se dio por los bosques donde se refugiaron, fueron muertos unos 260 más y quedaron prisioneras 3oo mujeres (O.

En la mañana del 2 practicóse un detenido reconocimiento en todos aquellos lugares, recogiendo las armas y las abundantes provisiones abandonadas; y después de incendiar el camarín y las casas antes dichas, regresó Huet con sus fuerzas á Tayabas, habiéndoleprecedido las mujeres y los prisioneros, cuya vida generosamente perdonaran después del triunfo.
Apolinario, que lejos de ponerse al frente de los suyos y si alguna mujer, algún nifio pereció, sería casual y muy contado, de biéndolo á lo critico y apurado de tales momentos, mas nunca, cual selia maliciosamente propalado, á la crueldad de los vencedores; y tengamos en cuenta que su fanatismo y su obcecación fueron tan grandes,que, haciéndoles capaces de todo, no les permitía empero retroceder un punto de su propósito. Asi puedo citar una mujer de esta feligresía (Luchan) que, encerrada en el campamento con dos hijos de menoredad, fué buscada por su propio marido, exhortándole en la noche del 31 a que, abandonando al ex-donado, le acompañase al pueblo; mas nada menos que eso consintió, y el desgraciado padre tuvo que darse por satisfecho con sacar sólo del poder de los ilusos los niftos, que en otro caso quizas con la madre hubieran perecido.

»Y aunque sabido era en aquellos momentos que las mujeres, en razón de su educación y de su sexo, habían sido las más fanáticas y perjudiciales; aunque sabido era que su seducción y sus halagos habían afiliado no pocos hombres, y que, unidas á éstos, proferían expresiones las más subversivas y amenazas las más terribles contra los españoles, de cuya crucificación y marlirío estaban en su caso encargadas, cuando aquéllos penetraron en el campo, y arrodilladas y sumisas impetraron perdón, ¿no les fué generosamente concedido? Centenares de ellas viven hoy en sus pueblos acreditando esta bondad, sin tan siquiera haber sido molestadas ni vigiladas por su anterior escandalosa conducta».--^(Rtlaciún citada.)


(1) D. Felipe Govantes, en su Compendw de la Historia de Ftlipinas pág. 379, dice que pagaron con la vida su ceguedad más de mil personas entre hombres, mujeres y niños.



yos para dirigirles ó alentarles, ya que no para deshacer milagrosamente las huestes enemigas, como les tenia predicho, había permanecido en su casa esperando el resultado del combate, muy confiado en obtener eltriunfo por el valor ciego de la multitud extraordinariaque le seguia, estuvo á punto de morir á manos de suspropios cabecillas, algunos de los que, aterrados por elexcesivo número de victimas que á su alrededor veían,acudieron al embaucador exigiéndole que realizara elprometido milagro; y al enterarse Purgatorio, que erael más arrojado de todos, de sus evasivas, acudió á lacasa de Apolinario para darle muerte si en el acto nocumplía su engañosa promesa, librándose de su furor porque, dueños ya en absoluto los leales del campo, había escapado Apolinario, viéndose Purgatorio también en la imperiosa necesidad de huir precipitadamente para librar su propia vida.
Escondido Apolinario la noche del i.^ de Noviembre en las orillas del río lyam, contemplando cómo de sugran poder del día anterior no le quedaba más probabilidad de salvación que la caridad de algún alma piadosa, encaminóse en la madrugada del día 2 á Sariaya,donde contaba numerosos adeptos. Fatigado y hambriento llegó al barrio de Ibanga, acogiéndose á unacasa situada en la sementera, cuya dueña se dispuso áconfeccionarle la comida; mas su esposo, irritado porconsiderarle causante de las desgracias que sobre susfanatizados partidarios había atraído, salió en busca devarios compañeros, y, juntos, corrieron á arrojarse sobre el taimado embaucador, y lo amarraron (O, dando


(1) Llamábanse los aprehensores Pedro de la Concepción, Francisco de San Agustin, Leonardo de San Juan, Atanasio Bautista Reinoso,



parte del hecho á la justicia local, que en el acto hizoconducir el preso al pueblo, y di6 aviso de esta capturaimportante al Sr. Huet, que envió la fuerza necesariapara trasladarlo á Tayabas, como asi se efectuó en lamañana del 3, comenzando á seguida la sumaria correspondiente (O.
Ventura de la Cruz, Matías Bonifacio y Juan de la Cruz, antiguos cofrades suyos los más de ellos.


(1) M. Edmond Plauchut, en un articulo titulado l*Archipel des Ftdlippints. — Recit de maurs et di voy age, inserto en la Revui de DeuxMendes^ correspondiente al 5 de Mayo de 1877, hace una reseña sumamente divertida de este suceso. Cuenta el veridico narradcr que Apolinario fué á Manila con el deseo de entrar en una Orden monástica; pero que estando prohibido esto á los indios, tuvo que limitar su ambidón á hacerse admitir en la cofradía de San Juan de Dios, ccmpuesta enteramente de hijos del país. Pasado algún tiempo con los compafieros de su Orden, regresó á Tayabas con el fin de establecer un culto especial en honor de San José y la Virgen. «Por sus lecturas, sus estudios y suasiduidad á los sermones en la época en que estaba en Manila, había llegado á ser un gran predicador, y la muchedumbre, ávida de su elocuencia, acudía á todos los lugares en que anunciaba la celebración deuna novena en favor de su santo favorito. Los frailes franciscanos sintiéronse celosos del ascendiente que el nuevo apóstol ejercía sobre susoyentes; y habiendo sabido que Apolinario solicitaba en Manila autorización para formar una cofradía, acudieron al Arzobispo y al Gobernador de las Islas para que se negaran á ello. No sólo negóse á esto el Gobernador de las Islas, sino que ordenó la prisión de los devotos que asistieran á las predicaciones de Apolinario. Entonces éste se retiró á una montaüa, en ella levantó una capilla, le siguió la multitud, y millares de adeptos acudieron ávidos de oirle. Propuso á sus discípulos la elección de un Arzobispo y cinco Obispos; fué elegido para aquel cargo, y no contento, á poco se hizo proclamar Pontífice Supiemo por los cinco Obispos. La nueva de que un Papa indígena acababa de ser elegido se esparció por todo el Archipiélago: tanto por curiosidad como por añción, cada fiel quiso ir á visitar la sagrada montafia y al nuevo Soberano espiritual. Los frailes, escandalizados del sacrilegio, acusaron á Apolinario de sobrepujar á Lutero en herejía y suplicaron al

De la declaración prestada por Apolinario consta quetenia á la sazon veintisiete años de edad, de estado soltero, nacido en Luchan, y su religión católico apostólico romano.
Que su objeto al constituir la Cofradía fué el de celebrar el santo San José, aconsejándole entonces el clérigo indio D. Ciriaco de los Santos; que, en vista del grandísimo incremento de la Sociedad, pidió autorización al Diocesano, el que remitió su petición al Obispo de Camarines, quien se la negó, y que entonces acudió enqueja á la Audiencia, en unión del P. Ciriaco y porconsejo de D. Domingo Rojas. Refiere las prácticas seguidas para la iniciación de los asociados, rezos que hacían y votos de los cabecillas, conforme al número depersonas que presentaban de cofrades; individuos é individuas que corrían con este cometido en los diferentes pueblos, no bajando de cuatro á cinco mil personaslas afiliadas á la Cofradía. Añade que, en vista de haber desestimado su queja la Audiencia, le dijo el P. Ciríaco que D. Domingo Rojas le había manifestado queel Gobierno no tenía facultad para negar su solicitud.
Capitán General que disolviera por la fuerza la turba de fanáticos. El Alcalde de Tayabas, Vital, recibió orden de desalojar del santuario losque en él se encontraran: eran muchos, se resistieron y Vüaífué muerto.£1 bri^^adier Huet recibió orden de trasladarse con la caballería á Tayabas á destruir á los revoltosos; éstos se fortifícaion, pero su resistencia.fué corta: todo ser viviente encontrado sobre el terreno fué acuchillado.Apolinario, de rodillas, con un Cristo, cayó el primero. Los anctaDos»las mujeres y los niños, refugiados en la iglesia, fueron igualmente pasados á cuchillo. Se enterraron un millar de cadáveres», etc.
Más adelante tendremos lugar de hacernos cargo de otros asuntos queen dicho artículo trata M. Plauchut, en que no se limita á mostrar sufecunda inventiva^ sino que falsea y desuaturaliza del modo másceosurrabie los sucesos de que se ocupa.



y que se vieran con los abogados D. José Florentino»D. Felipe Vidal Marífosque y D. Toribio Pantoja (O, los que confirmaron en efecto el dicho de D. Domingo.Que Aniceto Flores, de Majayjay, acompañado de Eu*genia Gatdula y de Jacinta Cruz, de Malabon, pasaroná Camarines con una exposición para el Arzobispo, qneÍes entregó á la mano el P. Ciríaco, quien facilitó más de 150 pesos para el viaje, redactando el escrito Marífosque, y que no tuvo resultado favorable. Que ios referidos abogados, con quienes consultaba á menudo acer-ca de lá Cofradía, insistieron en que el Gobierno no estaba facultado para negar el permiso por él solicitado^y á fin de que se cerciorase ser ésta la opinión de DonDomingo Rojas, lo llevó á su casa el P. Ciríaco un doniingo, y, después de oírle la misa á solas los tres, dijoel P. Ciríaco á Rojas que el declarante era el fundadorde la Cofradía de quien le tenían hablado los abogadosMarífosque, Pan toja y Florentino, manifestando muchasatisfacción en conocerle. Le confirmó que el Gobiernocometía una injusticia en no conceder la autorizaciónsolicitada, por lo que, siendo justo y piadoso su intento y deseando proteger á la Cofradía y á su mayordomo. Ciríaco, de acuerdo con los abogados dichos, consideraba necesario que continuara aumentando sus prosélitos «para con esta. fuerza obligar al Gobierno á queconcediera la autorización pedida, ó de no cortar cabC"zas, en cuyo caso él y sus amigos, cuidador. Que, en vista de este consejo, procuró el aumento de cofrades en Tayabas, La Laguna y Batangas, porque, contandose con las tres cabeceras^ había dicho D. Domingo queharían lo que quisieran.


(1) En la Gmia di forasterot de Filipinas de 1839 y siguiente, figuran inscritos estos sujetos en la matrícula de abogados, si bien dprimer apellido de Florentino es Ramirez, y el nombre de Pantqja esTeodorico.


Que habiendo puesto tno hálugar el Arzobispo á su solicitud y declarado el Gobierno superior que castigaría á los que entrasen enella, «el mayordomo D. Ciríaco le dijo que Rojas habíamanifestado que nada podía conseguirse por bien, y queera preciso aumentar la gente para poder hacer algot ,lo que continuó ejecutando con el trabajo de ocultarsedel Gobierno, que le perseguía. Que al ocurrir la ocupación de su correspondencia con Octavio Ignacio deSan Jorge en Majayjay, recibió un aviso de éste diciéndole: «Es preciso que tú salgas, porque si no sepierde todo; -nosotros aquí cuidado»; y que con i5 pesos que le facilitó D. Ciríaco se fué en una banca dePateros á Bay, citando las casas en que se alojó y quiénes le  guardaban, y que una vez en Igsaban, «aprovechando la ausencia del gobernador, reunió con prontitud toda su gente y se puso en comunicación por medio de la capitana (la esposa del gobernadorcillo), conel gobernadorcillo D. Joaquín Marcelino de los Santos, gobernador accidental, que le ofreció dejarlo entrar enla Cabecera de Tayabas si los principales lo aprobabanen junta que iba á reunir al efecto; que verificada éstasupo que habían resuelto dejar pasar unos días, y quesi con su gente se aprontaba pai;a todo caso, ellos ledejarían la entrada»; que estorbado este proyecto porla llegada del gobernador Ortega, ocurrida la accióndel 23 y muerto éste, determinaron todos los cofradestrasladarse á Ipilang, hacer un novenario y ocupar después la Cabecera de Tayabas, así como toda la provincia y las de La Laguna y Batangas, yendo luego á Manila para exigir del Gobierno la libertad de los cofrades presos, y que si no accedía á esto y á autorizar la Cofradía, cortar cabezas, como le aconsejara D. Domingo Rojas, quien con sus amigos les ayudaría; que lascuotas de los cofrades iban á parar á manos del D. Ciríaco; que de común acuerdo rechazaron la intimaciónen la que el gobernador Ortega, en nombre de S. M., lesexhortaba á la obediencia, etc.
Terminada la declaración de Apolinarío, dejó pasartres horas el comandante Huet, y leída que le fué denuevo á presencia de varios testigos y funcionarios, yhabiéndose ratificado el reo en todo lo dicho, firmán•dola con los testigos y fiscal, etc., fué fusilado en lamañana del 4 de Noviembre (1).



(1) El Intendente general de Ejército y Hacienda de Filipinas, DonJuan Manuel de la Matta, al dar cuenta de esta sublevación al Secretario de Estado y del Despacho de H adenda de Indias, en oomunicacióolecha en Manila á 16 de Noviembre de 184I, proponía la inmediata or^ganización del Cuerpo del Resguardo militar, y que se restableciera enManila la policía ó combión de vigilancia pública, como mis convenientes para prevenir análogos hechos; y respecto de los que tomaranparte en la acción decía:
"Digno de todo elogio ha sido en estas circunstancias el comportamiento de los Alcaldes mayores de La Laguna, D. José Ríos (se llamaba D. Francisco Gutiérrez de los Ríos), que se halló en la acción". Lo es igualmente el del joven pensionista de Hacienda D. Francisco Oteiía, que voluntariamente acompaftó á la columna expedicionaria, y se portó con denuedo en la acción de Alitao, y el del gobernador interino de Tayabas, D. Isidro Vital. Los individuos del resguardo han prestado también importantes servicios».


El no admitir en esta Cofradía españoles ni mestizos de sangley, y si sólo indios puros, demuestra evidentemente que el objeto de Apolinarío y de sus consejerosera político, aunque aparentaran que únicamente perseguían un fin religioso (i}; y en vista de las revelación



(1) ¿Fué este movimiento el resultado de una conspiración?.... Parece indudable que el primer objeto de los fundadores de la Cofradía fué una socaliAa. Apolinarío era un mozo de unos veinte afios, enteramenteobscuro y sin prestigio cuando principió su obra; y si algunos maquinadores hubieran forjado un plan de insurrección, jamás se hubieran valido de un sujeto tan insignificante. Sin embargo, no hay duda de quehabia en la cosa por lo menos un instinto de rebelión. En la Cofradíano se admitían á mestizos sangleyes, que son, no obstante, más devotosy ricos que los filipinos. En el mismo pueblo de Lucban hay muchosde esta clase y ninguno de ellos pertenecía á la Cofradía; antes bien,mientras los levantados se hallaban en Igsaban, tenían gran temor deque fuesen allá y los asesinasen y robasen. Es bien sabido que par»cualquiera sociedad de esta clase el mejor apoyo es el contar españoles en sn seno, y á pesar de esto los cofrades de San José no los buscaban ni querían. Y no se diga que consistía en que carecían de relajones ó valimiento entre ellos. Yo he vivido cinco meses en el concento de San Juan de Dios, á causa de las desgraciadas circunstanciasen que llegué á Manila, y allí conocí á Apolinarío. Era éste un jovendelgado con fisonomía de mestizo, modesto, callado y sin la menor apariencia de talento ni travesura; varías veces habia entrado en mi cuarto á traerme medicinas y me hallaba solo escribiendo ó leyendo. Yo le mandaba las dejase sobre la mesa y él se retiraba sin hablar palabra.£n aquel mismo tiempo se alojaban en el convento cuatro españoleseuropeos: estábamos Intimamente unidos con los frailes del conventoynos vela cumplir muy exactamente con los deberes de la religión..^Por qué, pues, no trató de hacemos entrar en la Cofradía, puesto quevivíamos juntos, mientras que hacía ocultamente tantos esfuerzos par»alistar en ella á centenares y miles de indígenas? Tal conducta no puede menos de parecer sospechosa al más candido, y á decir la verdad^este hecho de que formó parte me ha inducido á hablar de la insurrección de Tayabas, que de otro modo no hubiera nombrado por ser demasiado reciente; y lo he verificado á fin de que las cosas en tiemposfuturos no se presenten ó interpreten erróneamente por quien esté mah«Blerado ó tengia interés en desfigurarlas». — (Mas.)


nes del ex*donado, en que con toda claridad se demuestra la participación principalísima que en el negocio tomaron D. Domingo Rojas y los abogados susodichos,fueron presos en Manila en la noche del 5 de Noviembre, incoándose contra ellos la correspondiente causapara deducir su responsabilidad en el asunto (0.
Los secuaces de Apolinario lo habían bautizado conel pomposo título de Rey de los tagalos (2). «¿Y cuál eravuestro objeto? preguntaban después los oficiales españoles á los hermanos indultados de la Cofradía. — Rezar.— ¿Y si hubierais triunfado, qué hubierais hecho? —Atar á todos los españoles y frailes á los árboles paraque las mujeres los matasen á flechazos. — ¿Y después,qué hubierais hecho? — Ir los de las tres provincias (Laguna, Batangas y Tayabas) á las murallas de Manila,y enviar memorias al Capitán general. — ¿Qué quieredecir enviar memorias? — Que hubiéramos enviado á decir que allí estábamos y que viniesen los que se atreviesen». — (Mas.)
Aún tendremos ocasión de hacer notar, por sucesosanálogos, los extravíos y absurdos inexplicables á que


(1) Rojas, que era de bastante edad y estaba achacoso, murió enla cárcel. Govantes, en su Compendio antes citado, dice que nunca debió ocuparla, indicando que era inocente y que asi lo confírmó el fallode los tribunales. No conocemos el proceso que se le formara: quizá nopudieran serle probadas las acusaciones de Apolinario; pero si éstaseran ciertas, su delito es evidente, aunque fuese absuelto por falta depruebas.
(2) Apolinario de la Cruz «hizo creer á sus adeptos que la Virgen María iba á bajar del cielo para tener de ¿1 un hijo que serfa Efti ptrüéor de loe tagotosn, — (D. Vicente Barrantes, articulo titulado Diego SiUmg, publicado en La PoliHea de Espaüa en Filipinas afio I, núme10 22 del 8 de Diciembre de 1891.)


conducen á los indios la ignorancia, el fanatismo y susarraigadas supersticiones gentílicas.
Por decreto de la Regencia del Reino de 20 de Noviembre de 1841 se dispuso la manera de efectuarse enlo sucesivo los juicios de residencia de los funcionaiiospúblicos de Ultramar.
El art. 2.® de este decreto dice: "De las residenciasde los tres Gobernadores Presidentes de las islas de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, únicamente se conocerá por el Tribunal Supremo de Justicia en Sala de Indias,en los términos prevenidos en el art. 2.^ de la Real cédula de 24 de Agosto de 1799, y en estas residenciasserán igualmente comprendidos los Asesores de aquellos Gobernadores y los Secretarios de gobierno comotales por los abusos ó culpas que puedan haber cometido en el ejercicio de sus empleos».
Art. 4.°: «Las residencias de los demás Gobernadorespolíticos y militares que no sean Presidentes, así comolas de los Tenientes letrados, Alcaldes mayores y Corregidores letrados 6 no letrados que haya en dichas islas,corresponden á las respectivas Audiencias en el modo yforma prevenido en el art. 5.^ de la Real cédula citada».
Por otro decreto de 1 5 de Diciembre del mismo año, precedido de exposición del ministro Camba, se dictanreglas para extender á las provincias de Ultramar las disposiciones vigentes en la Península sobre enajenación forzosa por causa de utilidad pública.
En 15 de Julio de 1842 dictóse un Reglamento parael régimen y policía de la bahía y puerto de Manila y sus dependencias (O.


(1) En 1842 exístian matriculadas en el comercio de Manila 39 casas, sin contar las extranjeras. De éstas había siete ú ocho inglesas, dos americanas, una francesa y otra danesa, residiendq además Cónsules de Francia, América, Dinamarca, Suecia y Bélgica». — (PP. Bucctay Bravo.)

En 17 de Octubre siguiente mandó Oráa una circular á los jefes de provincias recomendando el descubrimiento y la explotación de minas de carbón (0.
Por bando de i3 de Diciembre hizo pública la orden del Regente del reino de 19 de Enero de dicho año, autorizando la construcción de buques mercantes á todo él que lo tuviera por conveniente» y dejando á los navieros y dueños de buques en la libertad de elegir los operarios que quisieren para las construcciones, carenasy composiciones» con arreglo á lo dispuesto por Real orden de 5 de Diciembre de i83o.

Con motivo de haber muerto en Binmaley (Pangasinán) un cabeza de barangay en un cepo, en que había sido puesto por orden de su gobernadorcillo, dispuso Oráa en i5 de Diciembre, cumpliendo un acuerdode la Audiencia, que se destruyeran en todos los tribunales los cepos con anillo para la cabeza, poniendo ensu lugar otros que sólo lo tuvieran para los pies, debiendo ser cómodos y no usarlos sino en delitos graves,en caso de recelo por inseguridad de las cárceles.
En 1842 salió á luz el Semanario filipino impreso á tres columnas, conteniendo noticias de Europa y Asia,sueltos locales, folletín y anuncios. Se ocupaba mucho de asuntos mercantiles. Fué su fundador D. Gregorio

(1) Por consecuencia de este mandato se descubrió un criadero enJa isla de Batán (Albay), que comenzó en seguida á explotarse. Los ensayos practicados con este carbón fueron satisfactorios» Por falta deconsumo cesó dicha explotación. ~(D. José Centeno.)
Posteriormente se han hecho otros varios descubrimientos de minasde carbón, especialmente en Cebú y Aibay.



de Borjas y Tarrius, Interventor de la Administraciónde Correos. Vivió dicho Semanario hasta 1845.
Á propuesta de la Junta suprema de^Sanidad delReino, y por consecuencia de Real orden de 12 de Octubre de 1842, se estableció en Manila, á principios de1843, una Subdelegación de Medicina y Cirugía con elñn de velar por la observancia de las disposiciones re*ferentes al ejercicio de aquella profesión.
£1 antiguo regimiento llamado Caballería veteranadragones de Luzón, uno de cuyos cuatro escuadronesque lo componían era de lanceros españoles, fué modificado por Real orden de 12 de Enero de 1843, cambiando su denominación por la de Caballería cazadoresde Luzón, asignándole cuatro escuadrones y una compañía de tiradores. Su fuerza en tiempo de paz se fijóen 632 hombres y 546 caballos, y en tiempo de guerraen 902 hombres y 761 caballos.

La hecatombe de Tayabas, exagerada con aviesa intención, disgustó grandemente á los soldados naturales de aquella provincia, que componían el regimiento de infantería núm. 3, acuartelado en Malate; y para vengar las muertes de sus parientes resolvieron sublevarse, de acuerdo con la guarnición de la fuerza de Santiago, parte de la que se componía de paisanos suyos. Saliéronse del cuartel en la noche del 20 de Enero de 1843; corriéronse por la plaza hasta la puerta de Santa Lucia; escalaron la fortaleza; asesinaron á los oficiales deguardia, y se hicieron fuertes en ella hasta la madrugada del día siguiente.
Oráa, que se hallaba en la quinta de Malacañang, extramuros de la plaza, acudió en el acto que tuvo conocimiento del suceso, y al frente de las tropas leales logró sofocar rápidamente la rebelión, y el sargento que mandaba á los sublevados, llamado Samaniego, conalgunos otros de los principales culpables» fueron fusDados al dia siguiente en el campo de Bagumbayang (0.
Consecuencia de este hecho, y por indicios de que hubiesen incitado á los soldados á realizarlo determinados individuos tildados de desafectos á España,fué el acordar su prisión, formándoseles un proceso. No resultó contra ellos cargo concreto, y recobraron su libertad, reintegrándoles en su buena fama una resolución del Tribunal Supremo de Guerra y Ma


(1) Gobernaba las Islas el stfior General Oráa cuando parte de unb«|f llón se sublevó al mando de dos bermanos mestizos, que eran oficiales del mismo; y apoderándose á media noche de la fortaleza de Santiago, comenzaron á hacer disparos de cafión contra la plaza, en ocasión que el Capitán General se hallaba en su posesión de Malacafiang.Enterado éste de lo que ocunia, entró en Manila, donde ya estaban tO'das las tropas sobre las armas. Seguidamente dispuso el ataque de lafortakta, que se tomó prontamente, gracias al arrojo de las autoridades y á la valentía de los regimientos de infanteria indígena, haciendoprisioneros i los que no habían sido mueitos ó heridos. Se cuenta queun destacamento de artilleiía indígena que se hallaba en la fortalezacQstodiando las piezas, trató él solo diferentes veces de desalojar de lasmurallas i los insurrectos, haciéndolo ¿ la bayoneta; y después de tenermuchas bajas y quedar reducido á un corto número, se parapetaronlos soldados en un puesto conveniente, desde el cual siguieron hacien-^do fuego mientras tuvieron cartuchos, permaneciendo después ñeles,aun sin fXíww.'-^( Noticias históricñs^ geográficas, esíadisHcas^ adminis'iratioas y müitarts de las Islas Filipinas y de un via/e á las mismas porei CaSo de Buena Esperantay y regreso á España por la Ckina^ la Jndia^la Arabia^ Egipto^ Malta y Gibraltar^ por M. Cánovas: Madrid, 1859.)
D. lf¿ximo Cánovas del Castillo, autor de este folleto, fué Ayudante4el Marqués de Novaliches durante su mando de Filipinas. El Sr. Cánovas describe en él con mucha exactitud las vicisitudes de los antiguos viajes por el Cabo de Buena Esperauca«



riña, al que recurrieron en queja los interesados (1).
Por decreto de la Regencia de 26 de Septiembre de1842 se dispuso que la Superintendencia subdelegadavolviera á unirse al Gobierno y Capitanía general delas Islas, y en 17 de Junio de 1843 cesó Matta en dicho cargo, continuando con el de Intendente de Ejército y Real Hacienda.
Oráa hizo un Reglamento para el Resguardo, otrode Correos y dictó un bando sobre malhechores.
Relevado del mando de las Islas, embarcó para España, dejando entre los peninsulares buena memoria porsu celo por el servicio y su honradez. Las medidas queel mantenimiento del orden público le obligaron á adoptar por consecuencia de los sucesos de Tayabas y dp la



(1) tAfínisteric de la Gutrra, — Excmo. Sr.: He dado cuenta A laReina (q. D. g.) de una exposición que promovieron D. José y DonMariano Rojas, hijos de D. Domingo, ya difunto; D. Antonio de Aya*la, D. ífiigo González Azaola, Miguel Escamilla, Mamerto Luis, Leo nardo Pérez, Diego Teodoro y José Rafael, vecinos todos de esa plazade Manila, quejándose de ]os procedimientos instruidos contra los mismos, y particularmente contra el padre de los dos primeros, con motivo de la sedición ocunida en la Real fuerza de Santiago de la mbmaplaza el 21 de Enero de 1843, y solicitando que el Tribunal Supremode Guerra y Marina informase sobre lo que han expuesto, con presencia del resultado de la expresada causa. Enterada S. M., como igualmente de lo manifestado acerca de este recurso por el mismo TribunalSupremo, conforme con su dictamen, se ha servido declarar que, atendido lo que resulta de la misma causa, su formación y la prisión y padecimientos que han sufrido por consecuencia de aquélla, no sirvan denota ni perjuicio á la opinión y fama del difunto D. Domingo Rojas,SU5 hijos D. Mariano y D. José, ni á los demás recurrentes.
De Real orden lo digo á V. E. para su conocimiento, noticia de losinteresados y efectos convenientes.
Dios guarde á V. E. muchos afios. Madrid 8 de £neit> de 1846. —Valencia^. — Sefior Capitán General de las Islas Filipinas».



sublevación del regimiento núm. 3^ y la necesidad de perseguir á los que más 6 menos abiertamente alentaban ciertas aspiraciones de revuelta, le eliminaron lassimpatías de muchos filipinos. Su conducta, sin embargo, se inspiró siempre enTnóviles rectos y en el cumplímiento del deber.
Nombrado Gobernador, Capitán general y Superintendente de Filipinas el Teniente general D. Francisco de Paula Alcalá de la Torre, natural de Extremadura, se posesionó del mando el 17 de Junio de 1843.
Acentuábase en el país el desarrollo de sus interesesmateriales, y esta naciente prosperidad recibió eficazimpulso del nuevo Gobernador, que era entendido, activo y trabajador, reuniendo á su capacidad militar lacualidad de letrado.
Por Real orden de i.® de Abril de 1841 se mandócrear en Manila un cuadro de oficiales de reemplazo conel objeto de proveer las vacantes que ocuiTÍesen en loscuerpos de infantería y caballería del ejército de Filipinas. Las bases de su organización se fijaron por otraReal orden de 25 de Octubre de 1842, quedando establecido con arreglo á ellas en 20 de Julio de 1843.
El Duque de la Victoria, combatido fieramente porsus enemigos políticos, fué vencido al cabo y tuvo quedejar la Regencia y abandonar á España á fines de Julio de 1843. Instalóse entonces un Gobierno provisional, ocupando la presidencia del Ministerio D. JoaquínMaría López, y se convocaron Cortes para el 1 5 de Octubre. Le sustituyó en la presidencia, al poco tiempo,D. Salustiano Olózaga, y á éste D. Luis González Bra«bo. Las Cortes decretaron la mayoría de edad de DoñaIsabel II, y S. M. señaló el i.^ de Diciembre de 1843 para su proclamación y jura en todos los pueblos de



la Monarquía^ como Reina constitucional de España.
En 1843 dispuso Alcalá que se eligiese un punto en la parte Norte de Basiian para levantar un fuerte provisional» posesionándose de dicha isla al año siguiente.La opinión de este Gobernador era que después de castigar á Balanguingui y Basiian, se debía caer sobre Jol6^conducir al Sultán y dattos á la capital (si no mudabande conducta) y establecer en ella guarnición.
«Operación, decía, tanto más urgente» cuanto la época y circunstancias que concurren en Joló la señalancomo el punto avanzado de nuestra dominación en Asiay el limite de nuestras posesiones con las de Inglaterraty Holanda».
Dacula, régulo de Sibuguey, cedió al gobernador deZamboanga, por un convenio suscripto el 21 de Octubre de dicho año de 1843, el territorio de Biasungan, 6sea el conocido después por puerto de Santa María.
También en 1843 se trasladó á Cebú un apostaderoestablecido pocos años antes en Masbate, creándose endicho punto la Comandancia de fuerzas sutiles de Visayasy á cargo de un capitán de fragata, dependiendo dedicha Comandancia las divisiones de Iloilo y Zamboanga.
En este mismo año, por Real orden de i3 de Noviembre, quedó separada la Comandancia del Apostadero de la Capitanía general, nombrándose para aquelpuesto al brigadier de la armada D. José Ruiz deApodaca.
En i3 de Diciembre publicó Alcalá un bando eximiendo á los capitanes de los champanes chinos de laobligación en que estaban de depositar sucesivamentesus mercaderías en la Alcaicería de San Femando, y deotras restricciones relativas á sus personas y propiedades, disponiendo, de conformidad con el espíritu y textode las Reales órdenes de ii de Abril de 1832 y 20 delmismo mes de 1837, Q^^ ^ considerase á los referidoschampanes chinos su cargamento, almacenaje y todolo concerniente al pago de derechos de Aduanas, conentera igualdad que á los buques de las otras nacionesextranjeras. Prevenía, en su consecuencia, que los capitanes de dichos champanes observasen las prescripciones del Reglamento de bahía de i5 de Julio de 1842;que el consignatario de cada champán se presentaracon los pasajeros que condujera y relación de ellos» firmada por el Capitán del puerto, al Alcalde mayor deTondo, al objeto de que los inscribiese en un libro deentrada de chinos que debería llevar, expidiendo á éstosuna carta de seguridad, con coste de 50 céntimos depeso; que hecho esto y prestada por el consignatarioñanza de responder de los chinos, podían alojarse libremente en la Alcaicería de San Fernando ó en casasparticulares en los pueblos de extramuros; que los queno pudieran ó no quisieran regresar en el mismo champán, tenían que solicitar licencia de radicación ó de invernada, pagando por ésta dos pesos, siendo valederapor seis meses, á cuyo término se les exigía pedir pasaporte para fuera de las Islas ó su radicación en ellas.En cuanto al cargamento, se les sujetaba á las mismasreglas que á los buques de las demás naciones extranjeras, y prohibía las gabelas y socaliñas que solían imponérseles ilegalmente.
Con la misma fecha dictó otro bando por el que autorizaba y reglamentaba el uso del anfión por los chinos, declarándolo ramo estancado. Prohibía en él, bajolas severas penas del bando de 1/ de Diciembre de 1814,que los indios ó mestizos fumasen opio; señalaba los sitios en que debían establecerse los fumaderos y lasreglas para su introducción por los asentistas, etc. (0.
En I.® de Enero de 1844 comenzó á regir el Reglamento redactado por el .Contador general de Ejército yHacienda, D. Manuel Carcer, para la Sociedad de fianzas mutuas de empleados» instituida con el útil objetode afianzar á los que para el desempeño de los destinosde cargo necesitaban prestarla. Dicho Reglamento había sido aprobado por la Superintendencia en 19 de Octubre de 1843.
Por Real orden de 2 de Enero de 1844 se dispusoque los extranjeros que con sus buques ó efectos comerciales se presentaran en el país, deberían impetrardel Gobernador el competente permiso de residencia, elcual únicamente habría de concedérseles por el términoindispensable para vender sus efectos ó practicar susdiligencias; que los permisos para residir en las Islasse darían en lo sucesivo por el Ministerio de Marina,Comercio y Gobernación de Ultramar, debiendo presentar los interesados, no sólo los documentos justificativos de su origen, y la industria, oficio ó capitales


(1) Véase Autos acordados^ tomo I, pág. 392.
Permitida la introducción del anfión en Filipinas, aunque sólo sea álos contratistas de esta droga, y siendo hoy una renta del Estado, muypingfle por cierto, insistimos en que se ordene y estimule el cultivo dela amapola blanca, que se desarrollará con facilidad y abundancia extraordinaria en aquel fértil país; en la seguridad de que la exportacióná China de dicho articulo, preparado su producto narcótico, produciría considerabilíámos rendimientos, como acontece en la India inglesa,dejándonos de quijotismos como el que resulta de un expediente instruido en 1858 por el General Norzagaray, en que, informando deacuerdo con todas las Corporaciones consultadas, dijo que no convenía el cultivo de la amapola blanca en el pais por razones de moral y de salud pública.



con que pensaran establecerse^ sino también un certificado de buena conducta y costumbres, quedando sujetos á las leyes del país; que los profesores de medici^na, cirugía ó farmacia extranjeros, para ejercer su pro«fesión^ tenían que presentar los documentos que acreditaran su carrera, sujetándose al examen de la Subdelegación de la Facultad respectiva, y, por último, se ve*daba á los extranjeros pasar al interior de las provincias, mandando, sin embargo, dispensarles toda la protección y auxilio que necesitasen en sus negocios.
Con motivo de la defectuosa organización de las antiguas compañías españolas, fueron éstas disueltas juntamente con la compañía pampanga de la dotación deZamboanga, creando en su lugar, en i.° de Febrero de1844, dos compañías fijas de Zamboanga» compuestascada una de un capitán, un teniente, dos subtenientes y125 individuos de tropa (O.
En 21 de Mayo prescribió Alcalá, por medio de unbando, la necesidad de licencia para el uso de armas,modo de expedirla, penas á los infractores, forma derecoger aquéllas y renovación de las leyes sobre el usode armas prohibidas W.
Alcalá, en concepto de Superintendente de Hacienda, suprimió las oficinas de Rentas Unidas, ó Administración de Estancadas; Dirección de Fábricas de Tabacos y Colecciones, y Administración general de Tributos y Rentas terrestres no estancadas, y restableció laDirección general de Tabacos y Administración general de Vinos y Licores, agregando la Administración


(1) Por Real orden de 5 de Mayo de 1848 se las declaró Miliciasdisciplinadas.
(2] Véase Autos acordados^ tomo I, pAg. 398.



de Tributos á la Contaduría Mayor. También, por decreto de 1 de Julio de 1844, modificó la plantilla de la Secretaría de la Intendencia, aumentando su personal,cuya medida fué aprobada por Real orden de 30 deMayo de 1845.
Por cuarta vez volvió á separarse del Gobierno de las Islas la Superintendencia subdelegada de Hacienda yá unirse á la Intendencia, siendo nombrado para dichoscargos D. Félix d'Olhaberríague y Blanco, que tomó posesión de ellos en 8 de Junio de 1844 (^)*
Alcalá, además de los ya referidos, dictó bandos muy acertados sobre incendios, pasaportes, carruajes, pesas y medidas, etc., etc., y prohibió que los pequeños barcos de cabotaje utilizasen velas de estera para evitarlos siniestros que habían ocurrido.
Fué un Gobernador celoso, que supo cumplir fielmente con los deberes de su alto empleo, dejando en elpaís grata memoria de su administración.


(1) Este señor había sido Secretario de Estado y Ministro de Hacienda en 1836.

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